La situación en Gaza ha cobrado un nuevo impulso tras el acuerdo de desmilitarización anunciado por Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de la ONU el 28 de enero de 2026. Este acuerdo plantea un proceso detallado para la retirada de armas de los militantes de Hamás, a través de un mecanismo acordado que incluirá un programa de recompra financiado internacionalmente. La medida busca no solo reducir la presencia militar de Hamás, que actualmente controla casi la mitad de Gaza, sino también establecer un marco para la paz en la región.
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, declaró que el objetivo es desmantelar todas las infraestructuras militares de Hamás, incluidas sus instalaciones de producción de armas y los famosos túneles utilizados por el grupo. Waltz enfatizó que Hamás “no debe tener ningún papel en el gobierno de Gaza, directa o indirectamente”, marcando un claro intento de excluir al grupo islamista del poder político en la región.
Este acuerdo se halla vinculado a la retirada gradual de las tropas israelíes, lo cual a su vez dependerá del desarme por parte de Hamás. La propuesta ha sido respaldada por 26 países que se han unido a la Junta de Paz de Trump, que supervisará la implementación del acuerdo junto con el Comité Nacional Palestino. Sin embargo, desde Hamás se ha indicado que, a pesar de haber mostrado apertura al diálogo sobre el desarme, no se han presentado propuestas concretas por parte de Washington.
El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, subrayó que Hamás sigue poseyendo un considerable arsenal, con miles de cohetes y decenas de miles de fusiles Kalashnikov. La existencia de aproximadamente 60,000 fusiles de asalto plantea un desafío significativo a los esfuerzos de desmilitarización, y Danon alertó sobre su uso no solo contra Israel, sino también contra los gazatíes que se oponen a su gobierno.
Además, la resolución del Consejo de Seguridad, que otorga un mandato a la Junta de Paz hasta 2027, incluye la implementación de una Fuerza Internacional de Estabilización temporal en Gaza. Esta fuerza será responsable de establecer el control y la estabilidad, facilitando así la retirada de las Fuerzas de Defensa israelíes en base a hitos relacionados con el desarme de Hamás.
A pesar de este panorama, el papel de las Naciones Unidas ha sido cuestionado, especialmente por los países que se abstuvieron en la votación, como Rusia y China. La controversia radica en la percepción de que el proceso carece de una supervisión clara por parte del organismo internacional.
Con el telón de fondo de un conflicto histórico y profundamente arraigado, la implementación de este acuerdo no solo dependerá de las acciones de Hamás, sino también de la voluntad política de las naciones involucradas. La comunidad internacional observa con atención cómo se desarrollarán estos acontecimientos en un área marcada por la tensión y la inestabilidad.
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