Chile enfrenta un panorama demográfico sin precedentes, marcado por la tasa de natalidad más baja de su historia, que se ha situado en menos de un hijo por mujer. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), esta tendencia coloca a Chile entre los países con el menor número de nacimientos a nivel mundial. Los datos revelan que desde 2010, los nacimientos han ido en descenso, siendo notable la drástica disminución de embarazos adolescentes y el aplazamiento de la maternidad entre las mujeres adultas.
En el censo de 2024 se reportó una tasa de fecundidad de 1.06 hijos por mujer, la más baja desde que se llevan registros, y se prevé que para el año 2028 la cifra descenderá aún más a 0.89. Esta drástica baja desembocará en un fenómeno demográfico significativo: se anticipa que para ese año, el número de defunciones superará al de nacimientos, marcando el inicio de un crecimiento natural negativo en el país. Miguel Ojeda, jefe de demografía del INE, subrayó este cambio inminente, que plantea retos importantes para las políticas públicas y la planificación social.
Por otro lado, la esperanza de vida en Chile continúa en aumento. Si en 1992 era de 74.6 años, para el 2026 se proyecta que alcanzará los 81.8 años, con una expectativa de 79.5 años para hombres y 84.3 para mujeres. Esta combinación de baja natalidad y alta longevidad está alterando la composición demográfica del país, como señala Ricardo Vicuña, director del INE.
Actualmente, Chile cuenta con 20.1 millones de habitantes, un incremento significativo en comparación con los 17.5 millones del censo anterior en 2017. Sin embargo, este crecimiento poblacional se produce en un contexto marcado por una tasa de fecundidad que no solo se encuentra por debajo de la media en América Latina, sino que también es inferior a la de naciones desarrolladas como Japón. En este contexto, la situación en Chile destaca por ser un fenómeno digno de estudio y reflexión, con implicaciones que abarcan desde la economía hasta las políticas sociales y educativas.
A medida que el país avanza hacia un futuro donde la estructura demográfica se transforma, es crucial que se implementen estrategias adecuadas que aborden las consecuencias de esta nueva realidad, asegurando que el bienestar y las oportunidades de los ciudadanos no se vean comprometidos. Este escenario, que se vislumbra como un reto, también presenta la oportunidad de redefinir el camino hacia un Chile más inclusivo y adaptable a los cambios demográficos en curso.
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