El próximo viernes 30 de enero, miles de negocios y organizaciones en todo Estados Unidos se unirán a un histórico cierre nacional en protesta por las violentas acciones de los agentes federales de inmigración. Esta manifestación surge tras la indignación generada en diversas ciudades, incluyendo Minneapolis, Los Ángeles y Chicago, donde se han reportado incidentes alarmantes de violencia asociada a la aplicación de políticas de inmigración.
Desde galerías comerciales de renombre, como Pace y Hauser & Wirth, hasta espacios más pequeños como Dimin y Palo Gallery, muchos se alinean en este movimiento, que no solo incluye el arte comercial, sino también organizaciones sin fines de lucro. Entre estas se encuentran la Los Angeles Contemporary Exhibitions y el Armory Center for the Arts, así como diversos colectivos artísticos en distintos estados, demostrando una solidaridad que se extiende por todo el país.
Este cierre sigue a una protesta masiva en Minneapolis y St. Paul, donde se conmemoraron las muertes de Renée Good y Alex Pretti, quienes fueron asesinados por agentes del ICE. En una declaración sobre su participación, la reconocida galería Regen Projects en Los Ángeles afirmó que el cierre es un acto de solidaridad con las familias de las víctimas y con la comunidad inmigrante en general.
“Nos encontramos en solidaridad con nuestra comunidad inmigrante en Los Ángeles y a nivel nacional”, se lee en un post de Instagram de varias organizaciones artísticas. Promoviendo un mensaje de resistencia contra lo que describen como un régimen racista, la convocatoria es clara: “No trabajo. No escuela. No compras”.
En Nueva York, galerías como Cristin Tierney y Alexander Gray Associates también participarán en esta huelga, al igual que varias que tienen espacios en múltiples ciudades. Esta movilización, además, se produce en un contexto político crítico, ya que los demócratas en el Congreso consideran si bloquean o no la financiación del Departamento de Seguridad Nacional, lo que podría provocar otra parálisis gubernamental.
La comunidad artística de Estados Unidos, ahora más que nunca, utiliza su plataforma para visibilizar condiciones de injusticia y violación de derechos, dejando claro que la lucha por los derechos de los inmigrantes está lejos de concluir. Esta manifestación no solo es un acto de protesta, sino también un grito de unidad y una búsqueda de un cambio duradero en las políticas de inmigración.
A medida que se aproxime el 30 de enero, la atención se centrará no solo en las actividades programadas para el cierre, sino también en la respuesta de la sociedad y del gobierno a una coyuntura que podría redefinir el panorama cultural y social de los Estados Unidos.
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