México y Estados Unidos están avanzando en las negociaciones para resolver una serie de barreras no arancelarias en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TMEC), actualmente en proceso de revisión. Marcelo Ebrard, secretario de Economía, ha expresado optimismo sobre el futuro del acuerdo, afirmando que sus elementos fundamentales se mantendrán, aunque se prevé la inclusión de nuevas disposiciones en áreas clave, como las reglas de origen y salarios.
Durante una reciente visita de revisión a Washington, Ebrard informó que se han identificado puntos de consenso para aproximadamente el 90% de los 12 desacuerdos que México había planteado y los 54 que Estados Unidos mencionaba. Sin embargo, la administración de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha generado preocupaciones a nivel estadounidense, especialmente en el sector energético, donde se acusa un favoritismo hacia las empresas estatales, además de problemas de burocracia y falta de claridad en los procedimientos.
La situación es crítica, ya que cualquier modificación en el TMEC podría alterar drásticamente las dinámicas comerciales entre los países de América del Norte. En 2025, el 83% de las exportaciones mexicanas se dirigieron a Estados Unidos, lo que evidencia la inquebrantable dependencia del país de este vínculo comercial. Durante el último año, las ventas internacionales de México crecieron un 7,6% interanual, aunque ya se observan signos de un enfriamiento en el consumo interno.
Las conversaciones también abordarán las exigencias de Estados Unidos respecto a las reglas de origen. Ebrard ha indicado que aún se están discutiendo las condiciones específicas de estos cambios, pero ha quedado claro que se están previniendo “side letters” o protocolos adicionales para detallar lo que cada parte requiere.
Desde la primera presidencia de Trump, el TMEC ha estado bajo una constante evaluación que, aunque mantiene su vigencia por 16 años, ha sido utilizado como herramienta de negociación más allá de lo meramente comercial. México, dado su perfil manufacturero, es particularmente vulnerable a cualquier alteración del acuerdo. Sin embargo, empresas estadounidenses también reconocen los beneficios del tratado, especialmente al enfrentar la creciente competencia de mercados como los de China y otros países asiáticos.
El TMEC, celebrado en 2020, ya tenía establecidas reglas exigentes sobre la cantidad de contenido regional requerido en productos, particularmente en la industria automotriz. Ebrard no especificó sectores concretos tratados en la última reunión, pero la atención se centra en la necesidad de aumentar el contenido regional, garantizando que las piezas y tecnologías provenientes de países como China no accedan al mercado estadounidense de manera informal.
Una de las normas contempladas establece que cerca del 40% del valor de los vehículos debe ser producido por trabajadores que perciban al menos 16 dólares por hora. Esta medida busca prevenir que México obtenga ventajas competitivas a través de salarios bajos, lo que indicaría una disposición estadounidense a revisar estos umbrales para proteger su industria.
En este marco incierto y dinámico, la revisión del TMEC se perfila como un hito crucial no solo para México, sino para la relación comercial más amplia en América del Norte. Las conversaciones con una delegación canadiense están previstas para el próximo mes, y se manifestará un interés renovado por terminar la revisión este año. El futuro del comercio en la región se siente en la balanza y la necesidad de acuerdos nuevos se vuelve más apremiante.
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