En un entorno internacional marcado por la incertidumbre y tensiones geopolíticas, el sector externo mexicano exhibió un desempeño notable en 2025, culminando el año con un superávit en la balanza comercial de mercancías de 771 millones de dólares. Esta cifra destaca especialmente al contrastarla con el déficit registrado en 2024. Solo en diciembre, el superávit alcanzó los 2,430 millones de dólares, impulsado por un crecimiento del 17.2% en las exportaciones en comparación con el año anterior.
Este dinamismo se fundamenta principalmente en las exportaciones no petroleras, que en su conjunto crecieron un 9.3% en 2025, con las manufactureras liderando el crecimiento a un notable 20.6%. Este dato es significativo, considerando las condiciones adversas que caracterizan el comercio internacional reciente.
Un aspecto relevante es el aumento en las exportaciones no petroleras hacia mercados no estadounidenses. Aunque todavía representan un 16% del total de las exportaciones mexicanas, estas ventas crecieron un 11.8% anual, superando el 8.8% de incremento observado en el mercado estadounidense. A pesar de partir de una base baja, esta tendencia apunta a un avance significativo en direcciones alternativas.
No obstante, es fundamental evitar una interpretación simplista de esta realidad. Estados Unidos, por su cercanía geográfica y vínculos productivos, seguirá siendo el principal socio comercial de México, concentrando más del 80% de las exportaciones. La integración de América del Norte es profunda, y presuponer que el mercado estadounidense podría ser sustituido es irrealista, además de innecesario. No obstante, esto no implica que la actual concentración sea óptima.
Diversificar las exportaciones no significa reducir las ventas hacia Estados Unidos, sino ampliar la gama de destinos. En un mundo cada vez más fragmentado y volátil, la diversificación geográfica se presenta como una estrategia fundamental de gestión de riesgos. Este enfoque resulta alentador en un contexto donde ciertas industrias, como la automotriz, han mostrado un mejor desempeño en mercados fuera de Estados Unidos.
El año 2025 presentó un panorama complejo para el comercio internacional, acentuando conflictos geopolíticos y condiciones financieras más severas. Lograr no solo mantener, sino también expandir las exportaciones hacia otros mercados, subraya las capacidades productivas que México puede seguir consolidando.
Sin embargo, el país aún enfrenta retos estructurales, como altos costos logísticos y una competencia internacional intensa. La diversificación geográfica no es una solución automática a estos problemas; no obstante, los datos de 2025 sugieren que hay espacio para avanzar en esta dirección, incluso en un entorno retador.
En resumen, México seguirá integrado a Estados Unidos, lo cual representa una fortaleza para su economía. Al mismo tiempo, el crecimiento, aunque incipiente, de las exportaciones no petroleras a mercados alternativos es un indicio positivo. Este fenómeno, más que un destino final, es una señal esperanzadora sobre las posibilidades futuras del comercio exterior mexicano.
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