La controversia en torno a la autenticidad del retrato del padre de Albrecht Dürer, una obra que se encuentra en la National Gallery de Londres, ha cobrado nueva vida gracias al destacado estudio de un erudito alemán. Christof Metzger, especialista en Dürer y curador de arte alemán en el Museo Albertina de Viena, sostiene que este retrato, datado en 1497, es una obra auténtica del maestro renacentista. Sin embargo, esta afirmación se enfrenta a la oposición de la propia National Gallery, que ha clasificado la obra como una copia “de” Dürer, creada por otro artista.
La profundización en el retrato revela que es una representación íntima del propio padre del artista, también llamado Albrecht. En la pintura, el anciano aparece con una actitud decidida y un notable cabello para su edad, lo que añade un toque personal a la obra. Albrecht el Mayor, reconocido como un hábil orfebre, inicialmente se sintió decepcionado al enterarse de que su hijo había decidido convertirse en artista en lugar de seguir su camino. Sin embargo, a los 26 años, Dürer podría haber comenzado a ganar la aprobación de su padre con esta exitosa representación.
Históricamente, el retrato incluye una inscripción casi ilegible que indica que representa a Albrecht el Mayor en 1497, a la edad de 70 años, un dato que, aunque se acepta como correcto, plantea la pregunta crucial de si la firma es auténtica o si fue añadida posteriormente, posiblemente de la mano de otro artista.
La investigación de Metzger destaca que, aunque la obra muestra un estado de conservación no óptimo, su calidad todavía es discernible. Él argumenta que, de entre al menos siete copias tempranas documentadas de esta pintura, la que alberga la National Gallery destaca por su técnica experta y detalles meticulosos, lo que revela la maestría en la representación de la piel envejecida.
Por otro lado, Susan Foister, ex directora adjunta de la National Gallery, sostiene una postura opuesta. En su catálogo exhaustivo de 2024 sobre las obras alemanas de la galería, destaca que la superficie pintada presenta graves daños por grietas, lo que es inconsistente con el estilo meticuloso de Dürer. También señala problemas estilísticos en la representación del cabello y los ojos, apuntando que la forma de la inscripción no se ajusta al estilo del maestro.
El retrato, que por el momento no se encuentra en exhibición debido a problemas de espacio y su consideración como copia, fue presentado en Inglaterra en 1636-37 como un regalo del consejo de Nuremberg a Carlos I. Aunque pasó por varias manos, se adquirió finalmente por la National Gallery en 1904, sumando £10,000 al costo total de su compra. Metzger también ha propuesto una reevaluación de otra obra de Dürer, desafiando su identificación como retrato de una mujer veneciana y sugiriendo que podría ser, en cambio, un retrato de una mujer florentina, basándose en paralelismos estilísticos y de vestimenta.
Esta revisión radical podría llevar a un nuevo entendimiento del desarrollo artístico de Dürer, especialmente en un periodo en el que se cuestionan sus interacciones con el arte florentino. Metzger, con su extensa investigación, parece estar preparado para enfrentar la controversia que sus afirmaciones probablemente generarán. Este debate no solo revitaliza el interés por las obras maestras de Dürer, sino que también ilustra la complejidad del estudio del arte renacentista, donde cada descubrimiento y redescubrimiento puede cambiar radicalmente la percepción del legado de un artista.
Es evidente que tanto en la valoración del retrato de Albrecht el Mayor como en los futuros debates sobre la identidad de obras de Dürer, el mundo del arte seguirá fascinando a historiadores, críticos y admiradores por igual.
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