Cuatro meses después de haber revelado su nueva imagen como el Philadelphia Art Museum, la emblemática institución ha decidido dar marcha atrás y recuperar su nombre histórico, Philadelphia Museum of Art. La decisión fue anunciada el miércoles por la tarde y marca un cambio significativo para un museo que ha sido un ícono cultural en la ciudad de Philadelphia.
En un comunicado de prensa, el museo informó que mantendrá el nuevo logotipo de griffin presentado en octubre, pero volverá a usar su nombre anterior. Esta decisión surgió a raíz de recomendaciones de un grupo interdisciplinario formado por miembros de la junta directiva y personal del museo, quienes examinaron el proceso y la implementación de la rebranding. Se realizaron encuestas para conocer las opiniones de los empleados, los miembros del museo y el público de la región metropolitana.
El consejo de directores del museo votó de forma unánime para revertir el cambio en una reunión extraordinaria. Daniel Weiss, director y CEO del museo, destacó que “una parte esencial de la gestión de marca es innovar y escuchar”. El nuevo logo, que incorpora un grifo, se ha recibido positivamente, mientras que el regreso al nombre querido por la comunidad es visto como un gesto importante para unir esfuerzos en torno a la misión del museo.
Este cambio de rumbo se da tras un rebranding que fue considerado uno de los más desafortunados en la historia reciente de los museos. La nueva denominación fue objeto de burla en Philadelphia, donde algunos se referían a él como “PhArt”. Hasta miembros de la junta expresaron su descontento, afirmando que la rebranding se realizó sin la aprobación final del consejo.
Poco después del lanzamiento de esta nueva imagen, el museo despidió a su entonces directora y CEO, Sasha Suda, por “causas” que no se especificaron. Desde entonces, Suda ha entablado una demanda contra la institución, alegando despido improcedente y abuso, y acusando a miembros de la junta de hacer afirmaciones falsas sobre su gestión financiera.
La situación se complicó aún más cuando, en noviembre, el museo comentó que Suda había aprobado aumentos salariales para sí misma sin el consentimiento de la junta. En respuesta, la junta ejecutiva se reunió para investigar estas acusaciones y determinó, según su declaración, que había evidencias contundentes que sustentaban la violación de su acuerdo laboral por parte de Suda.
Recientemente, un juez en Pennsylvania falló a favor del museo, permitiendo que el caso de Suda fuera llevado a un tribunal de arbitraje. Este desarrollo se deriva de un contexto complicado que refleja los desafíos contemporáneos que enfrentan muchas instituciones culturales en la gestión de su imagen y gobernanza.
Como cierre, el museo se encuentra en un momento crucial de redefinición, buscando reconciliar su identidad con las expectativas y valores de su comunidad mientras navega por las repercusiones de su reciente y tumultuosa rebranding.
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