¿Podría imaginar a soldados cubanos resguardando las instalaciones petroleras de Chevron en Venezuela? La escena se vuelve aún más intrigante al considerar a trabajadores estadounidenses ataviados con cascos y trajes ignífugos, rodeados de helicópteros Mi-24 rusos, mientras sus compatriotas enfrentan ataques en la selva venezolana. Paradójicamente, esta situación no es ficción, pues entre 1975 y 1991, en un contexto similar, miles de cubanos defendieron la Terminal de Malongo, un complejo petrolero en Cabinda, Angola.
La historia de Angola, marcada por catorce años de guerra civil, ofrece claves para comprender el futuro de Venezuela post-Nicolás Maduro. Aunque Cabinda y la implicación de Chevron con la defensa cubana pueden parecer anécdotas, hay un hilo conductor más relevante: el giro capitalista de Angola en 1990, donde sus líderes, previamente comunistas, optaron por un modelo que promovía la inversión occidental, mientras Estados Unidos se desentendía de la oposición que había apoyado previamente.
En las décadas de los setenta y ochenta, el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) recibió apoyo militar de Cuba, que envió a más de 675,000 soldados para enfrentar a la Unión para la Independencia Total de Angola (UNITA). Durante este conflicto, conocido como una guerra olvidada de la Guerra Fría, las vidas de cientos de miles fueron sacrificadas; el promedio diario de muertes superaba las mil. En este complejo entramado, Chevron jugaba un papel fundamental como sustento económico del Estado angoleño, con el 95% de sus ingresos provenientes de sus operaciones en Cabinda.
Con la llegada de la paz en 1991, que fue efímera debido al resurgimiento de las hostilidades en 1992, el MPLA adoptó un enfoque pragmático: se abrieron a la inversión extranjera y se distanciarse del marxismo, adaptándose a un ambiente que favorecía la capitalización. En 2002, tras la muerte de Jonas Savimbi, el líder de UNITA, Angola se consolidó como un productor petrolero clave, abriendo sus puertas a grandes multinacionales y convirtiéndose en un socio estratégico de Estados Unidos.
Las similitudes entre Angola y Venezuela son inquietantes. Mientras que una guerra civil sangrienta marcó el contexto angoleño, Venezuela, por su parte, enfrenta un desafío político y social diferente, aunque igualmente intenso. Delcy Rodríguez, actual figura clave del régimen en Caracas, quien tiene un conocimiento profundo del sector petrolero venezolano, podría ser un factor decisivo en la posibilidad de un cambio, en un escenario que podría replicar el pragmatismo que llevó a Angola al capitalismo.
Las transiciones políticas suelen ser complejas y, como señala un dicho popular, “la historia no se repite, pero rima”. Con la creciente incertidumbre sobre las intenciones de Estados Unidos respecto a Venezuela, muchos se preguntan si se replicará el enfoque que llevó a Angola a una sorprendente transformación económica y política. Mientras tanto, Angola, aunque se presenta como un aliado estratégico de Occidente, continúa lidiando con profundas desigualdades y corrupción, dejando claro que el camino hacia la estabilidad es siempre arduo.
Así, el futuro de Venezuela sigue en un limbo, donde la historia de Angola puede servir como un espejo que refleja tanto riesgos como oportunidades, en un territorio que continúa atrapado entre la lucha ideológica y el deseo de un desarrollo sostenible.
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