Tereso Medina Ramírez, secretario general adjunto de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), ha anunciado que el próximo 9 de febrero se emitirá una postura oficial en relación con el XVII Congreso Nacional Ordinario. Este mensaje abordará aspectos claves sobre la transición institucional de la central obrera, a partir de la reciente confirmación de que Carlos Aceves del Olmo no continuará al frente de la CTM después del 23 de febrero de 2026, cuando finaliza su periodo estatutario.
La decisión de Aceves del Olmo marca un cambio significativo en la tradición de la confederación, históricamente caracterizada por mantener a sus líderes en el cargo hasta su deceso, tal como sucedió en los mandatos de figuras emblemáticas como Fidel Velázquez Sánchez y Joaquín Gamboa Pascoe. La transición se presenta como un momento crucial, no solo para la estabilidad de la organización, sino también para su adaptación a un nuevo marco normativo laboral, derivado de la reforma de 2019 y los compromisos adquiridos en el Tratado entre México, EE. UU. y Canadá (T-MEC). Este cambio exige que las directivas sean elegidas mediante un proceso de voto personal, libre y directo, algo que Germán de la Garza, especialista laboral, considera esencial para el futuro de la CTM.
El mensaje de Medina Ramírez será un primer indicador de cómo la confederación planea gestionar su estabilidad institucional hasta el final del ciclo de Aceves del Olmo. Existen otros aspirantes al liderazgo, como Gerardo Cortés, líder sindical de Bimbo; Armando Neyra, vinculado a la industria refresquera; y Fernando Salgado, secretario general adjunto, aunque hasta ahora no se han hecho pronunciamientos formales al respecto.
La transición representa un desafío significativo para el modelo de confederaciones en México, según Alfonso Bouzas, otro especialista en derecho laboral. Bouzas subraya que el reemplazo de Aceves del Olmo no es simplemente un cambio de nombres, sino una prueba de resistencia para una estructura que ha operado durante mucho tiempo bajo liderazgos inamovibles. La salida programada de Aceves del Olmo también impone la necesidad de una sucesión que no dependa de un líder que determine la línea de acción, lo que podría llevar a un posible vacío de poder o, en el peor de los casos, a una fragmentación interna.
Desde el punto de vista legal, este proceso se produce en un contexto de alta vulnerabilidad para el sindicalismo tradicional, dado que las nuevas regulaciones laborales ponen de manifiesto la necesidad de una mayor democratización interna en la toma de decisiones. El desafío es que la nueva dirigencia pueda evolucionar de un control vertical hacia una representación auténtica que cumpla con los requerimientos de libertad sindical y las exigencias internacionales en el marco del T-MEC.
En este contexto de cambios, la CTM tiene la oportunidad de reestructurarse y adaptarse a las nuevas realidades laborales, buscando una transición que evite pérdidas de poder y que favorezca su continuidad en un entorno en constante evolución. El pronunciamiento de Medina Ramírez, programado para el 9 de febrero, será observado con gran interés, ya que establecerá las primeras pautas sobre cómo la CTM planea enfrentar el futuro y consolidar su identidad institucional más allá de sus líderes individuales.
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