En la lucha contra la crisis ambiental, el fenómeno del “ecofatigue” ha comenzado a ser abordado de manera innovadora. Esa sensación de abrumamiento y apatia frente a los problemas ambientales, especialmente en lo que respecta a la contaminación por plásticos, ha llevado a muchos a la inacción. Sin embargo, una investigación reciente destaca cómo la colaboración entre científicos y artistas puede ser una solución eficaz y accesible para motivar cambios en el comportamiento de las personas.
Un equipo de investigadores ha demostrado que emparejar a científicos con un artista residente no solo es factible, sino que puede ser una estrategia de bajo costo para impactar la manera en que las comunidades enfrentan el problema de los desechos plásticos. En una exposición en Londres, 13 pinturas marinas brillantes mostraron botellas desechables flotando en las olas y envolturas de snacks descomponiéndose en microplásticos. Muchas de las personas que visitaron la galería se fueron decididas a modificar sus hábitos diarios.
Este proyecto, conocido como Trace-P, tiene como objetivo transformar datos científicos sobre el medio ambiente en arte conmovedor, mientras se evalúa cómo reacciona el público a estas obras. Históricamente, campañas y folletos informativos sobre la contaminación plástica no han logrado un cambio suficiente en el comportamiento colectivo. Esto se debe a que investigaciones previas indican que la combinación de emociones, narrativas y la influencia intergeneracional, especialmente de los niños a los adultos, puede ser más efectiva que solo presentar hechos fríos.
El contexto global es alarmante: anualmente se producen más de 400 millones de toneladas de plástico, pero solo alrededor del 9% es reciclado a nivel mundial. Iniciativas globales buscan erradicar la contaminación plástica para 2040, pero esto requerirá cambios significativos en políticas y mercados. Si bien el arte por sí solo no solucionará estos problemas, dispone una plataforma poderosa para movilizar la demanda pública hacia reformas necesarias.
La colaboración con la artista Susannah Pal ha sido fundamental en este proyecto. Las obras de Pal, cargadas de humor y melancolía, surgieron tras una serie de entrevistas y visitas a laboratorios. El enfoque en exposiciones públicas, así como en talleres de dibujo tanto en línea como presenciales, ha permitido a los participantes absorber conocimientos sobre los caminos del desperdicio marino, microplásticos y patrones de consumo a través de imágenes impactantes.
El enfoque artístico, denominado “com-art”, ha demostrado que fusionar habilidades creativas con evidencia científica puede mejorar la comunicación sobre problemas ambientales y estimular acciones positivas. La retroalimentación recopilada de las exposiciones ha sido reveladora: los visitantes no solo aprendieron sobre las causas y efectos negativos de la contaminación plástica, sino que también experimentaron una gama de emociones que les inspiró a cuestionar su estilo de vida consumista y reducir su uso de plástico.
La situación en Europa refleja la necesidad de sistemas plásticos más circulares, pero el progreso es lento. La política y la tecnología parecen avanzar, pero la tasa de reciclaje de plásticos en la UE se ha estancado, con solo alrededor del 13.5% de nuevos productos hechos de plásticos circulares. Mientras tanto, exorbitantes cantidades de desechos plásticos son incineradas, lo que implica una pérdida significativa de valiosos recursos.
El apoyo público es un factor clave en esta transformación. Acciones como los esquemas de devolución de depósitos y mejores sistemas de clasificación de residuos contaminados son esenciales, y las iniciativas artísticas pueden ser un catalizador para que los ciudadanos acepten estos cambios en su vida cotidiana.
El desafío por delante es monumental, pero soluciones creativas y colaborativas pueden generar un cambio cultural. La integración del arte en las estrategias de residuos de ciudades, escuelas y museos puede ser una herramienta poderosa y económica. Exposiciones y talleres pueden no solo educar, sino también generar entusiasmo y movilizar a la ciudadanía para adoptar hábitos más sostenibles.
El papel del arte en la conciencia ambiental es fundamental. A medida que las comunidades lidian con la crisis plástica, proyectos como este pueden recordarles que cada acción cuenta, y el cambio comienza por la voluntad colectiva de repensar y rediseñar nuestros patrones de consumo. La conclusión es clara: mientras el arte no resolverá los problemas estructurales del medio ambiente, puede inspirar y movilizar a las personas hacia un futuro más sostenible.
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