La destitución de Alejandro Gertz Manero como Fiscal General de la República marca un hito significativo en la administración de Claudia Sheinbaum, presidenta de México. Esta decisión se gestó durante semanas de tensión entre Gertz y el gobierno, culminando en un movimiento legislativo que, según fuentes gubernamentales, fue impulsado directamente desde Palacio Nacional.
El proceso de destitución comenzó a tomar forma el 26 de noviembre de 2025, en una reunión crucial entre Sheinbaum y Adán Augusto López, coordinador de los senadores de su partido, Morena. La situación en el Senado, donde algunos senadores estaban fuera del país, obligó a implementar estrategias poco convencionales. Se necesitó que los senadores suplentes asumieran temporalmente para lograr la mayoría necesaria y proceder con la destitución de Gertz, que contaba con 86 años y un mandato original que se extendía hasta 2029.
La lentitud de la Fiscalía bajo el mando de Gertz había comenzado a preocupar a Sheinbaum, quien percibía que esto afectaba la estrategia de seguridad nacional y la relación con Estados Unidos. Las diferencias de enfoque entre Gertz y el Gabinete de Seguridad se hicieron evidentes, generando fricciones que llevaron a la mandataria a exigir su renuncia en agosto de 2025. Gertz, en una maniobra que reflejaba la complejidad de su situación, pidió tiempo para preparar su salida, pero al llegar noviembre, aún se mantenía en su puesto.
La culminación de los eventos se dio el 27 de noviembre de 2025, cuando la renuncia de Gertz fue finalmente aceptada en el Senado, con 74 votos a favor y 22 en contra. Un aspecto intrigante fue la carta de renuncia presentada por el fiscal, que supuestamente había elaborado él mismo. Sin embargo, según los reportes, esta fue redactada en Palacio Nacional y entregada a Gertz en su oficina, donde se obligó a aceptar su contenido para facilitar la transición de poder.
Ernestina Godoy, quien había sido designada como su sucesora, recibió instrucciones de comenzar a tomar control de la Fiscalía, reemplazando a funcionarios cercanos a Gertz con personas de confianza del Gabinete de Seguridad. Esto refleja un intento de Sheinbaum por consolidar el control gubernamental sobre la institución, una estrategia que ha generado un debate sobre la autonomía de la Fiscalía.
Gertz había sido nombrado Fiscal General por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y se había comprometido a permanecer en su cargo al menos un año durante el nuevo mandato de Sheinbaum. Sin embargo, las tensiones crecientes, sumadas a su aparente falta de compromiso al faltar a reuniones clave del Gabinete de Seguridad, deterioraron su relación con el gobierno.
Las secuelas de esta remoción no son menores. La figura de Gertz había sido central en la lucha contra el crimen organizado, y su salida representa un cambio significativo en la estrategia de seguridad del país. Si bien se esperaban cambios en la Fiscalía, la manera en que se llevó a cabo este proceso resalta las incertezas que rodean a la administración de Sheinbaum y el equilibrio de poderes en México.
El contexto actual presenta una preocupación adicional: la posible percepción de que la Fiscalía se convierte en una extensión del Ejecutivo, desvirtuando su papel de independencia. En un país donde la cohesión y eficacia en la lucha contra el crimen son esenciales, la manera en que se gestionará esta transición será crucial para el futuro de la seguridad en México.
Actualización: 2026-02-11.
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