En un mundo donde la conexión y la representación son más críticas que nunca, el artista Bex McCharen ha encontrado un refugio único en el océano de Miami. Su reciente trabajo se inspira en la intimidad que brota de los encuentros con sus amigos queer y trans en el agua, transformando la experiencia de nadar en un lugar de aceptación y comunidad. Un claro contraste con un primer intento de fotografiar su familia biológica en Virginia, donde la distancia emocional se hacía palpable, McCharen encontró que la cámara en el océano captura la conexión sin esfuerzo.
El próximo 20 de febrero, McCharen presentará su obra más reciente, titulada Queer Atlantics, en una velada especial en Green Space Miami, parte de la serie de lecturas de imágenes del Archivo Internacional de Fotógrafas. Este evento promete ofrecer a los asistentes una visión profunda de la creación de estas imágenes, que no solo son fotografías, sino también manifestaciones de amor y memoria a través de la técnica del quilting.
Conocido anteriormente como fundador de Chromat, una etiqueta de moda inclusiva que está en pausa, McCharen ha transitado en los últimos años hacia el uso de la fotografía y el textil. En diciembre de 2025, presentó públicamente sus piezas en la feria de arte Untitled, en colaboración con Oolite Arts. Su transición hacia la colcha representa una evolución significativa, uniendo su experiencia en diseño de moda con la necesidad de crear un espacio seguro en un panorama legislativo que amenaza la existencia de personas trans y queer en Florida.
Con la reciente ola de leyes que buscan deslegitimar la presencia trans, la obra de McCharen se convierte en un fuerte símbolo de resistencia. Las fotografías que emanan de días despreocupados en el agua, capturadas a menudo con una cámara GoPro, revelan la alegría y la libertad que encuentran en la inmensidad del mar. Este espacio se convierte así en un bastión de identidad, donde la expresión del ser verdadero cobra vida.
La práctica de quilting de McCharen también tiene raíces profundas en la tradición familiar. Aprendió la técnica de su madre, quien a su vez la aprendió de su abuela, parte de una línea de quilters menonitas en Virginia. Las piezas que McCharen crea no buscan modernizar esta práctica ancestral; en cambio, se arraigan en la historia y el legado familiar. Las imágenes capturadas en el océano se entrelazan con telas de proyectos familiares, creando una narrativa que va más allá del tiempo.
En su estudio, McCharen trabaja con paneles de color y citas textuales, transformando sus fotografías en cyanotipos y tejidos que evocan la sensación del agua y el calor de la comunidad. Cada pieza no es solo una obra de arte, sino un testimonio de la resiliencia ante un clima político hostil.
La conexión con el océano es primordial para McCharen, quien afirma: “Fui al océano como una persona y salí como otra”. La desesperación de las leyes que infringen derechos se contrarresta con el flujo constante del agua, manteniendo un lazo indisoluble entre ellos y su comunidad.
McCharen, claro en su visión, celebra que su relación con el océano trasciende cualquier administración: “No nos vamos a ir solo porque haya alguien en el poder”. Entre olas y risas, su trabajo se convierte en un faro de esperanza y pertenencia, recordándonos que, en última instancia, el agua permanece abierta a todos.
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