El mundo contemporáneo se encuentra repleto de diferentes teorías que intentan explicar los fenómenos sociales complejos. Una de las más recientes, que ha ganado atención en círculos académicos, es la “teoría de la oralidad”. Esta idea, inspirada en los trabajos de teóricos de medios del siglo XX como Walter Ong y Marshall McLuhan, plantea que la evolución de la comunicación desde la oralidad hacia la alfabetización ha tenido profundas implicaciones en la forma en que pensamos y nos relacionamos.
La transición de un contexto oral, donde el aprendizaje y la transmisión del conocimiento eran comunitarios y verbales, a uno literario, en el que la escritura permitió la fijación de ideas y el desarrollo del pensamiento abstracto, ha sido fundamental en la historia de la humanidad. Ong, en su obra “Oralidad y alfabetización”, sostiene que la alfabetización reconfiguró nuestra conciencia, facilitando avances en áreas como la matemática y la ciencia, que son ahora fundamentales para la tecnología moderna.
En la actualidad, medio siglo después de que Ong propusiera sus ideas, Joseph Wiesenthal, coanfitrión del pódcast “Odd Lots”, está a la vanguardia de esta teoría. Wiesenthal argumenta que la comunicación humana está regresando a sus raíces orales. Esto no solo se refiere al aumento de las conversaciones físicas, sino a cómo los medios digitales, como las redes sociales y el contenido audiovisual, han transformado la manera en que nos comunicamos, fomentando un intercambio más conversacional y menos estructurado.
La idea de que la digitalidad promueve una oralidad contemporánea también se presenta en el análisis de la estructura del lenguaje político. Por ejemplo, la forma en que Donald Trump utiliza apodos y frases repetitivas es reminiscentemente homérica, lo que resuena con las técnicas orales de tiempos antiguos. Este uso del lenguaje establecido, según Ong, se basa en patrones que ayudan a la memorización y a la viralidad en la práctica comunicativa.
Sin embargo, también surgen preguntas sobre el impacto de esta oralidad renovada en nuestras relaciones sociales y políticas. La habilidad de comunicarse de manera más eficaz también ha desencadenado una desconfianza hacia los expertos, como se ha mencionado en el contexto actual de la “posveracidad”. Esto se une a las observaciones de Joshua Meyrowitz, quien en su obra “No Sense of Place” predice que los medios electrónicos desdibujan las líneas de jerarquía y hacen que los individuos desconfíen de aquellos que ostentan el poder.
A medida que nos adentramos en esta nueva era, surgen inquietudes sobre el papel de la inteligencia artificial. Según las reflexiones contemporáneas, la inteligencia artificial puede ofrecer una conversación interactiva, pero carece de los elementos agonísticos que caracterizan a las interacciones humanas en la era digital. Esto podría señalar un regreso a la interioridad del pensamiento, similar a la época de la alfabetización, mientras que la oralidad contemporánea tiende a ser más expansiva y pública.
En conclusión, el diálogo sobre la oralidad y la alfabetización sigue evolucionando, revelando nuevas perspectivas sobre cómo la tecnología moldea nuestras interacciones y relación con el conocimiento. Mientras continuamos navegando por este territorio en transformación, es vital reflexionar sobre cómo estas dinámicas afectan a nuestra sociedad. La necesidad de entender estos patrones no es solo una cuestión académica, sino una herramienta esencial para abordar los desafíos que plantea nuestra realidad moderna.
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