En las últimas semanas, hemos comenzado a observar las profundas consecuencias de la inteligencia artificial (IA) sobre el trabajo, la economía y la vida cotidiana. Con el potencial para provocar una pérdida masiva de empleos y un aumento de productividad sin precedentes, la IA está reformulando sectores enteros de la economía, llevando a muchos a cuestionar el futuro del empleo en un mundo cada vez más automatizado.
A principios de 2026, se introdujeron dos herramientas que han revolucionado el panorama de la IA: Claude Code de Anthropic y la app Codex de OpenAI. A diferencia de los chatbots tradicionales que solo respondían preguntas, estas innovaciones pueden ejecutar complejos proyectos de software. Tienen la capacidad de comprender objetivos finales, desglosar tareas, escribir y corregir código y verificar su funcionalidad, prácticamente sin intervención humana. Utilizadas de manera efectiva, estas herramientas podrían sustituir las funciones de numerosos programadores, incluso los primeros afectados en la transformación del empleo por la IA.
Este avance tecnológico ha provocado una rápida depreciación en el valor de las empresas de software, especialmente las dedicadas al modelo de Software como Servicio (SaaS). Compañías como Salesforce y Adobe han visto reducidas sus valoraciones en un 25-30%, mientras que otros actores como Atlassian y ServiceNow han sufrido caídas de entre el 30 y el 50%. El impacto de estas nuevas herramientas ha generado dudas sobre el modelo de cobro “por asiento” que sustentó las valoraciones en la última década. A medida que la posibilidad de reemplazar analistas y agentes de soporte se hace tangible, el número de licencias requeridas cae, lo que a su vez reduce el potencial de ingreso por usuario.
En medio de esta transformación, Dario Amodei, fundador de Anthropic, ha expuesto en su ensayo “The Adolescence of Technology” que la IA tiene una “amplitud cognitiva” que puede amenazar una buena parte de los empleos de cuello blanco. Estima que hasta un 50% de los puestos de entrada en campos como servicios profesionales, finanzas, derecho y tecnología podrían desaparecer en los próximos cinco años. Por su parte, el CEO de AI Microsoft calcula que, en un periodo de 12 a 18 meses, muchas tareas en áreas como contabilidad y marketing podrían ser automatizadas.
Si bien puede que estas proyecciones sean un tanto optimistas en cuanto a los plazos, el cambio sistémico que se avecina en el mundo laboral y en la economía política es innegable. La incertidumbre sobre el futuro de millones de empleos de entrada, esenciales para que los jóvenes adquieran experiencia en profesiones de cuello blanco, genera preocupación. Aquí es donde la educación y el pensamiento crítico adquieren una relevancia sin precedentes.
Sin embargo, en México, el avance hacia una educación que prepare a las nuevas generaciones para enfrentar estos desafíos parece tambalearse. La “Nueva Escuela Mexicana” ha sido criticada por presentar deficiencias en matemáticas y ciencias, una herencia de administraciones anteriores que comenzamos a pagar en el presente.
La intersección entre la IA, el empleo y la educación plantea interrogantes cruciales sobre el futuro. A medida que la automatización se infiltra en distintos sectores, la sociedad debe prepararse para adaptarse, se hace indispensable un enfoque renovado en la formación y el aprendizaje crítico para navegar en un entorno laboral en constante evolución.
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