Las autoridades mexicanas han desmantelado recientemente un túnel clandestino utilizado para el robo de combustible, un golpe significativo en la prolongada lucha contra el huachicol, que ha llegado a ser dominado por grupos del crimen organizado. Este hallazgo tuvo lugar la semana pasada en el estado de Hidalgo, específicamente en una zona rural cercana al pueblo de Tepetitlán.
El túnel, que se extiende por 22 metros, fue encontrado en las inmediaciones de una vivienda. Según un comunicado de la fiscalía de Hidalgo, este llevaba a dos tomas clandestinas de un ducto subterráneo, y las fuerzas de seguridad también confiscaron drogas en el área. A pesar de la magnitud del hallazgo, no se han dado a conocer detalles sobre el grupo delictivo responsable, ni hay detenidos relacionados con el caso. La fiscalía señaló que Hidalgo cuenta con la mayor infraestructura de ductos en el país, lo que pone de manifiesto la complejidad de la vigilancia en estas áreas.
Medios de comunicación, como Reuters, han logrado identificar el ducto involucrado como uno de propiedad de Pemex, que conecta la refinería de Tula con la de Salamanca. Cuando los periodistas visitaron el área, encontraron un fuerte despliegue de seguridad por parte del Ejército y la Guardia Nacional, así como un letrero que advertía sobre la propiedad asegurada.
El problema del huachicol, que se refiere al robo y la venta ilegal de combustible en México, ha evolucionado desde un fenómeno local hasta convertirse en un negocio violento que mueve miles de millones de dólares, controlado por potentes cárteles. Este comercio ilegal no sólo afecta la economía, sino que también expone a las comunidades a riesgos graves, dado que involucra gasolina, diésel y otros productos refinados, así como petróleo crudo.
Pemex, en un informe reciente, reportó el descubrimiento de 11,774 tomas ilegales en sus ductos durante 2024. Sin embargo, la compañía ha admitido que sus esfuerzos para contrarrestar este comercio ilegal no han tenido resultados consistentes en los años recientes. El modus operandi de los ladrones suele incluir la excavación de túneles desde terrenos privados, diseñados ingeniosamente para minimizar la baja de presión en los ductos, evitando así la detección.
El combustible robado a menudo se vende localmente en botellas de vidrio o bidones de plástico a precios reducidos en comparación con las gasolineras. La peligrosa naturaleza de este negocio ha llevado a tragedias como la de 2019, cuando un estallido relacionado con el robo de combustible cobró la vida de al menos 137 personas.
En un contexto donde el mercado negro de combustible sigue representando un desafío formidable, se hace imperativo que las autoridades intensifiquen sus esfuerzos para erradicar este fenómeno y proteger tanto la infraestructura petrolera nacional como la seguridad de los ciudadanos.
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