En las dos décadas que han pasado desde que comenzó la guerra contra el narcotráfico en México, la narrativa sobre la captura de capos ha estado dominada por la efectividad de la Marina, a menudo en colaboración con agencias estadounidenses. Desde la captura y eventual muerte de Arturo Beltrán Leyva en diciembre de 2009, hasta la detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán en 2014 y 2016, respaldos de élite de la Armada han sido los protagonistas de estas operaciones, ganándose la confianza de la DEA y el Gobierno de Estados Unidos gracias a un intercambio constante de información.
Sin embargo, la reciente captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, ha marcado un cambio significativo en este patrón. En esta ocasión, fueron las tropas del Ejército Mexicano, coloquialmente conocidas como “los verdes”, quienes llevaron a cabo la operación en Tapalpa, localizando, capturando y finalmente abatendo al criminal más buscado del país. Este logro no solo resalta una evaluación positiva de las fuerzas armadas sino que también introduce un aire renovado en la estrategia de seguridad del país.
El operativo ha sido objeto de elogios de la clase política mexicana y de funcionarios estadounidenses, otorgando un merecido crédito al general secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, quien en una reciente conferencia matutina destacó la participación de las Fuerzas Especiales del Ejército, la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea. Trevilla enfatizó la importancia de la planificación en operaciones militares, subrayando que “quien ejecuta la operación es quien la debe planear”. Esta declaración resalta la transición de las operaciones de la Marina hacia un modelo donde el Ejército también demuestra su capacidad en el combate al crimen organizado.
El impacto de este operativo cobra relevancia no solo por el perfil del criminal abatido, sino también por el sacrificio de 25 elementos de la Guardia Nacional durante los enfrentamientos en Jalisco, lo que agrega una capa de tristeza al triunfo. La comparecencia del general ante la prensa fue además notable por su emotividad, un momento de quiebre que evidencia la carga emocional que estas operaciones significan para quienes las dirigen y participan.
La presidenta Claudia Sheinbaum también ha elogiado a las fuerzas armadas, destacando el compromiso de sus integrantes. Sin embargo, el contexto histórico del Ejército, que incluye operaciones donde antes se liberaron a capos bajo circunstancias complicadas, plantea interrogantes sobre la percepción del éxito en la lucha contra el narcotráfico. Especialistas como Javier Oliva Posadas señalan que aunque este triunfo mejora la imagen del Ejército, este aún enfrenta el desafío de asegurar un control sostenido sobre los territorios en disputa.
En conclusión, la caída de “El Mencho” es más que una victoria ante el crimen organizado; es una inflexión en las tácticas militares que podrían redefinir los papeles de las instituciones encargadas de la seguridad en México. Este evento simboliza no solo un hito en la estrategia de lucha contra el narcotráfico, sino también un renovado compromiso de las fuerzas armadas que, pese a los retos, continúan trabajando para restaurar la seguridad en el país.
(Actualización: datos corresponden a 2026-02-23 19:45:00).
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