Los nombres de Marten De Roon (Holanda), Joakim Mæhle (Dinamarca) o Robin Gosens (Alemania) no comandan la atención como los de algunos de sus compañeros de selección, pero en esta Eurocopa su compromiso e intensidad se ha ganado las miradas de muchos. Para quienes los conocen bien no es sorpresa, es lo que se espera de ellos en su club, el Atalanta de Gian Piero Gasperini.
La presión incesante, la rotación constante y la mentalidad ofensiva sin importar el rival es lo que ha caracterizado al pequeño equipo del norte de Italia en su camino a codearse con la élite del fútbol europeo. Y mientras el juego del Atalanta ganaba seguidores, también sus jugadores han ganado notoriedad. Lo que a priori era una colección de desconocidos, algunos otros descartados por sus equipos y un par más que prometieron mucho en su juventud pero languidecieron, bajo las órdenes de Gasperini se convirtió en una escuadra formidable. Y así, muchos de ellos se vieron convocados por sus selecciones, algunos por primera vez.
Más información
Es el caso de Robin Gosens, el lateral izquierdo alemán que jugó por primera vez para su selección hace 10 meses y cuyo apellido todos recordarán tras su partido contra Portugal el sábado pasado. Con una asistencia y un gol, además de otro anulado, Gosens se llevó el premio a mejor jugador de la tarde y selló su nombre a la lista titular germana para el resto del torneo.
Aun así, ha sido Gosens, el carrilero izquierdo de 26 años, el que más peligro ha generado. No es cosa exclusiva de este torneo, viene de su temporada más prolífica con 11 goles, y él asegura que eso es gracias a su entrenador en el Atalanta. “Tienen que agradecer al míster, Gasperini. Él ha tenido una gran influencia y estas cualidades que parecía que habían quedado dormidas dentro de mí fueron sacadas por el sistema de juego en Bérgamo”, aseguró en la rueda de prensa después de la victoria 4 a 2 contra los actuales campeones.
Más información
El rastro de Gasperini también se hizo notar este lunes en Copenhague. Corría el minuto 82 de partido y los daneses estaban jugando libremente ante una Rusia disminuida por el cañonazo que el central Andreas Christensen había disparado a la red apenas unos minutos antes.
Podían haber levantar el pie del acelerador y disfrutar de los últimos instantes con el balón, pero Joakim Mæhle no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de meter otro más. Desde la banda izquierda el jugador de 24 años había estado amenazando durante todo el partido y a falta de ocho minutos para el 90 tomó el balón, encaró en el borde del área, se acomodó y desató un disparo raso al primer palo: 4-1 y partido sentenciado.


