La gula ha sido una temática que ha resonado a lo largo de la historia, reflejada en relatos trágicos como los de figuras célebres que sucumbieron a su voraz apetito. Este fenómeno no solo ha afectado a individuos, sino que también presenta serias implicaciones para la salud pública y la economía.
En 1771, justo antes del miércoles de ceniza, el rey Adolf Frederick de Suecia se entregó a un festín que parecía no tener fin. Delicias como caviar, langosta y trufas fueron solo algunos de los manjares que adornaron su mesa. Sin embargo, fue el famoso semla, un bollo sueco, el que supuestamente fue su perdición; al ingerir 14 de estos postres, la muerte lo sorprendió horas más tarde, víctima de un dolor abdominal devastador.
Más de dos siglos después, el actor británico Oliver Reed, conocido por su papel en “Gladiador”, encontró un destino similar. En 1999, justo antes de concluir el rodaje, Reed se dio un gusto en un pub maltés, donde su jornada festiva incluyó 8 cervezas y 12 shots de ron, lo que derivó en un súbito desvanecimiento y, poco después, su fallecimiento. El bar cambió su nombre a “Ollie’s Last Pub”, convirtiéndose en un recordatorio de la irreverente conexión entre el placer y las consecuencias fatales.
Históricamente, las celebraciones dionisíacas y las bacanales romanas han alimentado este ciclo de excesos. Desde la perspectiva médica, estos hábitos pueden derivar en Trastornos de Conducta Alimentaria, un asunto que se agudiza aún más bajo un marco de juicio moral, donde prácticas de gula se clasifican entre pecados veniales y mortales. San Gregorio Magno, hace más de 1,400 años, ya señalaba las tentaciones de la gula: comer antes de tiempo, buscar manjares exquisitos y excederse en la cantidad, entre otros.
En la actualidad, la industria de alimentos y bebidas presenta tanto oportunidades económicas como desafíos significativos para la salud pública. Las cifras alarmantes de sobrepeso y obesidad sienten su peso en las economías nacionales. En México, un análisis reciente de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición reveló que, entre los adultos, el 39.9% de los hombres y el 35% de las mujeres presentan sobrepeso, mientras que los índices de obesidad ascienden al 33% y 41% respectivamente. Estos datos se agravan en la población infantil, donde el 19% de los menores de 12 años sufren de sobrepeso, y el 17.5% de obesidad.
El costo de estos desórdenes alimenticios es abrumador. Según el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), en 2023 se estimó que los gastos relacionados con problemas de salud derivados de la alimentación podrían alcanzar los $80 mil millones de pesos, sin contar los costos indirectos, como ausentismo laboral. Este panorama destaca la necesidad urgente de implementar políticas públicas efectivas que aborden estos riesgos sanitarios.
El químico Paracelso acuñó la célebre frase: “Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis”. Esta reflexión es crucial al considerar que el placer puede transformarse en daño si se descontrola. En este sentido, la Cuaresma ofrece una oportunidad invaluable para reflexionar sobre la templanza, una virtud que puede moderar el deseo de placer, otorgando no solo beneficios personales, sino también mejorando la salud colectiva. Mientras avanzamos hacia un futuro incierto, ya sea en nuestra dieta o en nuestras celebraciones, recordar el equilibrio puede ser la clave para evitar la trágica repetición de historias pasadas.
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