El LongHouse Reserve, una institución cultural aclamada en Long Island, se encuentra en una situación crítica tras el colapso de la icónica escultura de fibra de vidrio “Fly’s Eye Dome” de Buckminster Fuller, un evento que tuvo lugar durante la reciente tormenta de nieve que azotó la Costa Este. Esta obra, creada en 1976, ha sido fundamental para el jardín del LongHouse, no solo como símbolo representativo de la institución, sino también como un espacio querido por los asistentes a galas y eventos, destacando su singularidad en el mundo del arte contemporáneo.
Carrie Rebora Barratt, directora del LongHouse, expresó su angustia: “Es devastador. Es nuestra pieza más icónica en el jardín”. Este colapso no solo representa una pérdida histórica y cultural, sino también un reto monumental para la recuperación, dado que la escultura es una de solo cinco versiones existentes del Fly’s Eye Dome. La estructura, que presenta un diseño modular inspirado en la naturaleza, está hecha de componentes personalizados que dificultan la estimación de su valor en el mercado.
La singularidad del Fly’s Eye Dome va más allá de su diseño; Fuller registró la patente de su innovador concepto en 1965, con la idea de transmitir un efecto similar al ojo de una mosca. Aunque la escultura original fue ideada con un interior que podría haber funcionado como un espacio habitable, lo que actualmente se observa es un vacío que ha atraído a muchos visitantes deseosos de tomarse una fotografía en su interior.
Pese a que Fuller presentó un prototipo más pequeño de esta obra en 1977, el LongHouse version, levantado en 1998, se ha destacado como el más visible y apreciado. Durante más de dos décadas, ha ocupado un lugar permanente en la vista de los visitantes del jardín, lo que añade una capa de tristeza a su daño reciente.
Desde la muerte de Fuller en 1983, sus prototipos se han dispersado a lo largo del país, con algunos en restauraciones exitosas, mientras que otros, como el más grande, han caído en el abandono. Ahora, el LongHouse enfrenta desafíos no solo para restaurar la escultura dañada, sino también para continuar su campaña de expansión, que busca mantener y abrir el espacio al público, creando un jardín botánico y museo sin fines de lucro en los Hamptons.
Barratt añadió que ya se encuentran recaudando fondos para este propósito, y la situación actual agrava las dificultades que enfrenta la institución. “Esto es lo último que LongHouse necesitaba”, comentó, subrayando la magnitud de los desafíos financieros que amenazan su futuro.
La historia de la Fly’s Eye Dome, marcada por su innovador diseño y su lugar único en la cultura contemporánea, ahora se enfrenta a un capítulo difícil, uno que podría definir su legado en los años venideros.
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