Un reciente fallo de un juez federal ha permitido que la ciudad de Nueva York implemente un peaje para los automovilistas que ingresan a las zonas más congestionadas de Manhattan. Esta tarifa, que asciende a nueve dólares durante el día, fue aprobada en 2025 y afecta a los vehículos que cruzan la frontera sur de Central Park.
El expresidente Donald Trump, un neoyorquino de nacimiento, había expresado su oposición a esta medida, argumentando que perjudicaría a los negocios locales. Su secretario de Transporte, Sean Duffy, incluso llegó a revocar la aprobación de un programa piloto relacionado con el peaje, lo que desencadenó críticas por parte de las autoridades municipales.
En respuesta a esta revocación, la Autoridad Metropolitana de Transporte de Nueva York (MTA), encargada de gestionar el cobro, presentó una demanda en febrero de 2025. La MTA sostenía que el intento de Duffy de bloquear la tarifa era ilegítimo. El juez Lewis Liman, del tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York, había inicialmente otorgado una aprobación temporal al peaje mientras evaluaba el caso.
El dictamen final llegó el pasado martes, cuando Liman estableció que aceptar el argumento de Duffy significaría que cualquier organismo gubernamental podría obstaculizar eternamente las revisiones judiciales. De esta manera, el cobro por congestión se mantiene en vigor, considerando la realidad del tráfico en Manhattan, donde aproximadamente 700,000 vehículos se adentran en esta zona congestionada diariamente, desplazándose a una velocidad promedio de 11 kilómetros por hora.
La implementación de esta tarifa no solo busca manejar el tráfico, sino también mitigar la contaminación del aire en la ciudad. Este tipo de iniciativas ya han sido adoptadas en otras grandes metrópolis, como Londres, aunque la oposición encontrada en Nueva York ha destacado los desafíos inherentes a cobrar a los conductores en una nación donde el uso de vehículos privados es predominante.
Además, se estima que esta medida podría generar alrededor de 15,000 millones de dólares, recursos que se destinarían parcialmente a la renovación del sistema de metro, que ha enfrentado numerosos problemas en los últimos años. Sin duda, el futuro del transporte en las grandes ciudades se encuentra en un punto de inflexión, y Nueva York podría estar marcando el camino hacia una movilidad más sostenible.
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