Israel y Estados Unidos intensificaron su ofensiva militar el 3 de marzo de 2026, llevando a cabo un bombardeo en el centro de Teherán que marca el cuarto día de un conflicto bélico sin perspectivas de tregua. En respuesta, las fuerzas iraníes amenazan con atacar “todos los centros económicos” de Oriente Medio, elevando la tensión en una región ya volátil.
Los ataques han dejado un impacto considerable en la dinámica económica del Golfo Pérsico, con decenas de miles de viajeros varados y una interrupción significativa en el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz. Aunque los precios del petróleo han aumentado, todavía no alcanzan los niveles críticos vistos durante la pandemia de COVID-19 o el conflicto en Ucrania.
El número de víctimas en Irán ha aumentado a más de 780, según reportes de la Media Luna Roja, mientras la capital se convierte en una sombra de su antigua vida, con ciudadanos huyen y otros, como Samireh, una enfermera de 33 años, enfrentan el temor de la devastación. “Me da miedo caminar por las calles desiertas”, confesó.
Los ataques aéreos de los cazabombarderos israelíes y estadounidenses se han centrado en objetivos estratégicos, incluyendo el edificio encargado de designar al próximo líder supremo tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei, ocurrida en los primeros momentos del conflicto. Israel ha declarado que también ha atacado instalaciones de producción de misiles balísticos y estructuras subterráneas, con un enfoque particular en Teherán.
El general Ebrahim Jabari, de los Guardianes de la Revolución, ha emitido una advertencia contundente: si los ataques continúan, Teherán considerará a todas las instalaciones económicas en la región como posibles objetivos de represalia. Además, el precio del petróleo, que ya alcanzó los 85 dólares, podría escalar hasta los 200 dólares, según sus pronósticos.
La noche del mismo día, Irán contraatacó con un nuevo lanzamiento de drones y misiles dirigidos a Israel. Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha mostrado inflexible en su rechazo al diálogo, afirmando que “prácticamente todo ha sido destruido” en Irán. A pesar de haber registrado seis bajas entre sus tropas, Washington enfrenta ataques directos a sus intereses, incluyendo un ataque con drones que provocó un incendio en su embajada en Arabia Saudita.
El conflicto se ha extendido más allá de las fronteras iraníes, alcanzando centros de datos de Amazon en Baréin y Emiratos Árabes Unidos. Al mismo tiempo, Catar informó haber frustrado intentos de ataque contra su principal aeropuerto. Irán ha instado a las potencias europeas, como Alemania, Francia y el Reino Unido, a mantenerse al margen, advirtiendo que cualquier acción defensiva contra su capacidad militar sería considerado un “acto de guerra”.
En una respuesta a la crisis, el presidente francés Emmanuel Macron ha anunciado el envío de refuerzos a la región, incluido el portaaviones Charles de Gaulle y su escolta de fragatas.
Este complejo y peligroso escenario subraya la desestabilización creciente en Oriente Medio, donde el futuro inmediato es incierto y las repercusiones geopolíticas podrían ser de gran magnitud. La situación sigue desarrollándose, y el mundo observa con preocupación el desenlace de un conflicto que amenaza con extenderse aún más.
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