Ayer, 3 de marzo de 2026, un conflicto bélico significativo se desató en el Medio Oriente, marcando un momento crítico en la geopolítica y en la economía petrolera global. A las 14 horas, hora del centro de México, Estados Unidos e Israel bombardearon Irán, mientras que este último respondía con ataques dirigidos a Israel y al Golfo Pérsico. Ante este escenario, el precio del petróleo Brent alcanzó los 80.57 dólares, marcando un incremento del 32.33% en lo que va del año, mientras que la mezcla mexicana cerró en 66.63 dólares, su nivel más alto en siete meses. Por su parte, el peso se debilitó, operando en 17.63 por dólar, lo que representa una pérdida del 1.91%.
El estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, ya ha sido cerrado por Irán. Desde el inicio de las hostilidades, el tráfico de petroleros ha caído un 70%, lo que lleva a empresas como Maersk a suspender operaciones y a aseguradoras a cancelar coberturas por riesgo bélico. La Guardia Revolucionaria iraní ha declarado que “si alguien intenta pasar, prenderemos fuego a esos barcos”, acentuando la tensión en la región.
A pesar de las afirmaciones del gobierno mexicano de que hasta el momento no hay impactos directos sobre el país, los mercados interpretan la situación de manera diferente. México depende en gran medida de las dinámicas internacionales del petróleo, y lo que suceda en las próximas semanas podría tener repercusiones importantes.
Los posibles escenarios para México se dividen en tres posibilidades según su probabilidad de ocurrencia.
El escenario optimista, con una probabilidad del 10%, propone que la guerra sea breve y que se logre restaurar la capacidad naval iraní en días. Esto supondría la intervención rápida de Estados Unidos, que permitiría reabrir el estrecho antes de que se manifiesten efectos adversos en el mercado. Aunque la posibilidad existe, aparece como marginal.
En el escenario pesimista, que tiene un 40% de probabilidad, se contempla un “tercer choque petrolero”. Según proyecciones de Bloomberg, el precio del barril podría escalar hasta 108 dólares si el cierre se mantiene. Esto sería un golpe importante para México, que importa un 70% de sus combustibles, generando inflaciones adicionales que podrían oscilar entre 3 y 5 puntos porcentuales. Además, el peso podría alcanzar los 21 por dólar, paralizando el nearshoring y debilitando la inversión extranjera, que ya ha caído entre un 10% y un 15% en lo que va del año.
El escenario realista, el más probable con un 50%, plantea que la situación actual se mantendrá en un estado de tensión continua, pero no inevitablemente destructivo. La presión global para reabrir Ormuz es intensa, con actores como China pidiendo garantías de suministro y Arabia Saudita dispuesta a aumentar su producción a través de rutas alternativas. Las proyecciones de Citigroup sitúan el precio del Brent entre 80 y 90 dólares, y el tipo de cambio del peso entre 17.60 y 18.00 por dólar.
El umbral crítico para México se establece en los 95 dólares por barril de Brent. Cada día que Ormuz permanezca cerrado aproxima más a esta realidad. Si el precio supera de manera sostenida este límite, el escenario pesimista podría convertirse en una dura realidad que amenazaría la estabilidad económica del país.
La situación en el estrecho de Ormuz es, sin duda, un indicador crucial no solo para el suministro de petróleo a nivel mundial, sino para el futuro económico de México en medio de un panorama incierto.
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