VIVENCIAS CIUDADANAS – LOS RETOS DE LA UAEM

Por Teodoro Lavín León

El hallazgo de un cadá­ver cam­bia por com­pleto la dimen­sión del con­flicto en la Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los (UAEM). Lo que hasta ayer se leía como una cri­sis polí­tica– admi­nis­tra­tiva deri­vada de la toma de la Rec­to­ría, hoy adquiere un tono mucho más grave, deli­cado y sen­si­ble. Cuando apa­rece la muerte en medio de una pro­testa, el eje deja de ser exclu­si­va­mente ins­ti­tu­cio­nal y se con­vierte en un asunto humano, legal y ético de pri­mer orden.

La Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los no puede tra­tar este hecho como un epi­so­dio más den­tro de sus ten­sio­nes his­tó­ri­cas. Un cadá­ver implica la inter­ven­ción inme­diata de auto­ri­da­des minis­te­ria­les, la pre­ser­va­ción de la escena y una inves­ti­ga­ción exhaus­tiva que escla­rezca cau­sas, res­pon­sa­bi­li­da­des y con­texto. En este punto ya no habla­mos sólo de diá­logo interno o nego­cia­ción polí­tica; habla­mos de jus­ti­cia.

El impacto es múl­ti­ple en lo emo­cio­nal. La comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria entra en estado de shock. Estu­dian­tes, pro­fe­so­res y tra­ba­ja­do­res pasan de la indig­na­ción o la pro­testa a la cons­ter­na­ción y el temor. La sen­sa­ción de inse­gu­ri­dad se dis­para. Sur­gen rumo­res, ver­sio­nes encon­tra­das y espe­cu­la­cio­nes que, si no se mane­jan con res­pon­sa­bi­li­dad, pue­den agra­var la cri­sis.

En lo jurí­dico, si el cuerpo fue encon­trado den­tro de ins­ta­la­cio­nes uni­ver­si­ta­rias, se abre un frente legal com­plejo. ¿Se trató de un hecho vin­cu­lado direc­ta­mente con la toma? ¿Es un evento ajeno que coin­ci­dió en tiempo y espa­cio? ¿Hubo omi­sio­nes en pro­to­co­los de segu­ri­dad? Cada una de estas pre­gun­tas tiene impli­ca­cio­nes dis­tin­tas. La uni­ver­si­dad, como ente autó­nomo, debe cola­bo­rar ple­na­mente con las auto­ri­da­des sin obs­ta­cu­li­zar la inves­ti­ga­ción ni poli­ti­zar el hecho.

En lo polí­tico, un con­flicto que podía resol­verse en mesas de nego­cia­ción ahora escala a un nivel de cri­sis pública mayor. La opi­nión esta­tal y nacio­nal pon­drá el foco sobre la UAEM. La narra­tiva cam­bia y ya no es sólo una dis­puta interna, sino un caso que podría invo­lu­crar res­pon­sa­bi­li­da­des pena­les o admi­nis­tra­ti­vas. En ese terreno, cual­quier decla­ra­ción apre­su­rada puede incen­diar más el ambiente.

El riesgo inme­diato es la radi­ca­li­za­ción. Cuando ocu­rre un hecho trá­gico en medio de una pro­testa, tien­den a sur­gir posi­cio­nes extre­mas. Algu­nos sec­to­res pue­den inten­tar atri­buir cul­pas de forma auto­má­tica; otros podrían bus­car mini­mi­zar lo ocu­rrido para no afec­tar su pos­tura. Ambas reac­cio­nes son peli­gro­sas. En este momento, lo pru­dente es espe­rar resul­ta­dos ofi­cia­les y evi­tar jui­cios mediá­ti­cos.

Tam­bién cam­bia la agenda. Lo que era una dis­cu­sión sobre deman­das espe­cí­fi­cas como pre­su­puesto, admi­nis­tra­ción y pro­ce­sos inter­nos, queda des­pla­zada por la exi­gen­cia de escla­re­ci­miento.

La prio­ri­dad ya no es quién tiene la razón en el con­flicto ori­gi­nal, sino qué ocu­rrió y cómo garan­ti­zar que no vuelva a suce­der.

Hay otro ele­mento deli­cado: la auto­no­mía uni­ver­si­ta­ria. Si bien la UAEM goza de este prin­ci­pio, la auto­no­mía no sig­ni­fica ais­la­miento frente a un posi­ble delito. La inter­ven­ción de la Fis­ca­lía será obli­gada. La uni­ver­si­dad debe demos­trar que auto­no­mía y ren­di­ción de cuen­tas pue­den coe­xis­tir sin ten­sio­nes inne­ce­sa­rias.

En tér­mi­nos de gober­na­bi­li­dad, el hallazgo del cadá­ver pre­siona a la rec­to­ría a actuar con rapi­dez y trans­pa­ren­cia. Un men­saje ins­ti­tu­cio­nal claro, empá­tico y firme es indis­pen­sa­ble. No se trata de defen­der posi­cio­nes, sino de acom­pa­ñar a la comu­ni­dad y garan­ti­zar coo­pe­ra­ción abso­luta con la inves­ti­ga­ción.

Para los gru­pos que enca­be­za­ban la toma, el esce­na­rio tam­bién cam­bia. Si el hecho guarda rela­ción directa con la pro­testa, el movi­miento podría enfren­tar un des­gaste pro­fundo. Si no existe vín­culo, será clave des­lin­dar res­pon­sa­bi­li­da­des con infor­ma­ción veri­fi­ca­ble para evi­tar que se estig­ma­tice la movi­li­za­ción.

Social­mente, el daño repu­ta­cio­nal es inme­diato. La uni­ver­si­dad es un sím­bolo de for­ma­ción y desa­rro­llo; aso­ciarla con un hecho trá­gico gol­pea su ima­gen pública. Recu­pe­rar esa con­fianza reque­rirá tiempo y resul­ta­dos cla­ros.

En cual­quier caso, lo cen­tral es no per­der de vista a la víc­tima. Más allá del con­flicto ins­ti­tu­cio­nal, hay una per­sona y una fami­lia. El tra­ta­miento mediá­tico y polí­tico debe ser res­pe­tuoso. Con­ver­tir una tra­ge­dia en herra­mienta dis­cur­siva sería un error moral.

En sín­te­sis, deja de ser sólo un con­flicto uni­ver­si­ta­rio para con­ver­tirse en una cri­sis inte­gral humana, jurí­dica y polí­tica. La forma en que se ges­tione en las pró­xi­mas horas será deter­mi­nante. Trans­pa­ren­cia, pru­den­cia y cola­bo­ra­ción plena con las auto­ri­da­des serán las cla­ves para evi­tar que el pro­blema escale aún más.

El con­flicto cam­bia por­que ahora no se trata sólo de deman­das y nego­cia­ción; se trata de ver­dad y jus­ti­cia. Y en ese terreno, los már­ge­nes de error son míni­mos. ¿No cree usted?

El vein­ti­siete de marzo se rea­li­zará el tra­di­cio­nal y gran “Baile de los Cuer­na­va­cos” en “Maña­ni­tas Casa Nueva”, con la coro­na­ción de nues­tra reina 2026 Rebeca Krause, con cena de gala y mag­ni­fica orquesta en vivo. Para vol­ver­nos a ver. No se lo pierda, los bole­tos con el Lic. Cor­tés, en Comon­fort 13 y en los tele­fo­nos 777 3145191 y 777314 5189. Los espe­ra­mos.

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