La historia del arte contemporáneo estadounidense ha rescatado a figuras olvidadas y ha reinventado su legado, como es el caso de Lionel Ziprin. Su renacimiento moderno comenzó de manera curiosa, con un viejo y robusto safe en el estudio de la artista Carol Bove en Brooklyn. Este búnker metálico se convirtió en el repositorio de la poesía y los dibujos de Ziprin, un destacado del mundo del arte del Lower East Side en las décadas de 1950 y 1960, cuya obra había caído en el olvido durante años.
Todo comenzó cuando Bove recibió el trabajo de Ziprin a través de su hija Zia en los años 2010. Desde entonces, empezó a exhibir estos escritos junto a sus esculturas, lo que despertó un renovado interés por el artista. En 2014, un perfil extenso en una revista de arte reconoció a Ziprin como un pensador innovador y excéntrico, cuyos vínculos con la Kabbalah enriquecían su obra.
Hasta principios de este mes de marzo de 2026, ni el Museo de Arte Moderno (MoMA) ni el Museo Metropolitano de Arte (Met) contaban con obras de Ziprin en sus colecciones. Sin embargo, un giro significativo ha ocurrido: una de sus obras ha sido incluida en la destacada retrospectiva de Bove en el Museo Guggenheim. Esta exhibición, que estará abierta hasta el 2 de agosto, marca un hito en la historia del arte al presentar obras de Ziprin en las paredes de un museo neoyorquino.
La curaduría, a cargo de Katherine Brinson junto a Charlotte Youkilis y Bellara Huang, eleva el trabajo de Bove, al incorporar piezas de otros artistas notables como Agnes Martin y Richard Berger. El evento también ha hecho posible la recuperación de un mural de Joan Miró y Josep Llorens Artigas, que había estado oculto, y que Bove ha rescatado para el público.
El corazón de esta retrospectiva radica en la presentación de aproximadamente cien obras de Bove, donde destacan esculturas coloridas de metal, estructuras de acero enredadas y estantes repletos de libros desgastados. Su enfoque no se limita a reclamos artísticos individuales; en cambio, enfatiza un viaje conjunto, en el que sus contribuciones artísticas se muestran en relación con las de otros.
Entre las obras que resaltan en la exhibición se encuentra una instalación que recuerda a Arnaldo Pomodoro, el escultor italiano que inspiró a Bove desde su infancia. En esta obra, se diluyen las barreras cronológicas y ontológicas entre lo viejo y lo nuevo, lo industrial y lo hecho a mano.
Nacida en Ginebra y criada en Berkeley, California, Bove ha completado un viaje creativo desde su temprana juventud, atravesando diversos trabajos hasta culminar en una educación en fotografía e historia del arte a los 29 años. Desde entonces, ha llamado la atención del mundo del arte con obras que exploran la relación entre objetos dispares y la naturaleza del tiempo.
A medida que su práctica fue evolucionando, Bove creó esculturas que dialogan tanto con el minimalismo como con su propio contexto personal, fusionando influencias pasadas con formas contemporáneas. En sus obras más recientes, como “Sweet Charity”, presenta estructuras monumentales que evocan tanto la grandeza monumental como la delicadeza formal, reflejando una transformación en el uso del acero que aporta una frescura visual y conceptual a su trabajo.
En consecuencia, la retrospectiva de Bove no solo ofrece una mirada profunda a su trabajo, sino que también actúa como un punto de inflexión en la revalorización de figuras como Lionel Ziprin, iluminando su influencia duradera sobre generaciones de artistas. La exhibición es un recordatorio entrelazado de la conexión que existe en el arte entre la historia, la memoria y la reinvención.
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