En los rincones oscuros de la selva tropical filipina, Cristian Lucanas, un joven entomólogo de 31 años, se ha ganado el apodo de “Señor de Ipis”, en referencia a las cucarachas que estudia. Con su linterna frontal iluminando el camino, es el único experto en su país en este grupo de insectos frecuentemente malentendidos, habiendo descubierto ya 15 especies únicas. A pesar de que muchas personas ven a las cucarachas como plagas repulsivas, Lucanas sostiene que su importancia ecológica es fundamental y merece mayor reconocimiento.
“Yo también odiaba las cucarachas cuando era niño”, confiesa Lucanas con una sonrisa en una entrevista en la Universidad de Filipinas, donde trabaja. Esta afirmación resuena con muchos, pues el miedo hacia estos insectos parece estar arraigado en la naturaleza humana. Sin embargo, su pasión por ellos comenzó hace 12 años, cuando una excursión a una cueva de murciélagos le reveló un mundo en el que las cucarachas, abundantemente presentes, desempeñan un papel crucial en el ecosistema, descomponiendo materia orgánica y reintegrándola a la tierra.
Filipinas se distingue por su rica biodiversidad, albergando cerca de 130 especies de cucarachas, de las cuales tres cuartas partes son endémicas. Lucanas destaca que la ausencia de estos insectos podría paralizar procesos vitales dentro del ecosistema. A pesar de algunos tipos que pueden ser portadores de enfermedades, su función como detritívoras es irremplazable; de su desaparición podría derivarse un debilitamiento de la cadena alimentaria que favorece a aves y arañas, así como una reducción en la captura de dióxido de carbono por las plantas, lo que podría exacerbar el calentamiento global.
El científico, fiel admirador de J.R.R. Tolkien, a menudo denomina a sus descubrimientos con nombres inspirados en “El Señor de los Anillos”, como “Valar” o “Hobbitoblatta”. Aunque su especialización le ha hecho muy requerido, sobre todo por empresas de control de plagas en busca de su experticia para lidiar con particularidades de las cucarachas, Lucanas reconoce que su trabajo no está enfocado en el exterminio, sino en la apreciación de estos seres.
Es importante desmitificar la idea de que las cucarachas son indestructibles; Lucanas asegura que no son más resistentes a la radiación que otros insectos y que el mayor peligro que enfrentan son las actividades humanas. Con esta convicción, continúa su labor de conservación y estudio, persuadiendo a quienes lo rodean de que un mundo sin cucarachas sería un mundo menos equilibrado.
La búsqueda de Lucanas por comprender y reconocer la biodiversidad en su país es un recordatorio de que incluso las criaturas más temidas pueden tener un papel esencial en el entramado de la vida. Su trabajo en la Universidad de Filipinas refleja la necesidad de destacar la importancia de la investigación en un país que alberga una riqueza natural inigualable.
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