Miles de artistas, académicos, curadores, periodistas y figuras políticas están exigiendo a los organizadores de la Bienal de Venecia que “aborden las implicaciones” de la participación de Rusia en la 61ª edición del evento. Esta llamada a la acción se materializó en una carta abierta firmada por más de 6,000 personas, publicada por el Movimiento Internacional Artes contra la Agresión, apenas días después de que se confirmara la participación de Rusia, programada para abrir el 9 de mayo y extenderse hasta el 22 de noviembre de 2026.
Este año marca el regreso de Rusia a la Bienal tras su ausencia durante las ediciones de 2022 y 2024. Los artistas Kirill Savchenkov y Alexandra Sukhareva, quienes debían representar al país en 2022, se retiraron del evento en medio de la invasión rusa a Ucrania. En sus declaraciones conjuntas, expresaron que “no hay lugar para el arte cuando los civiles están muriendo bajo el fuego de los misiles”.
La situación en 2024 fue similar, ya que la participación de Rusia estuvo en duda hasta el último momento. De hecho, días antes de la apertura, Rusia optó por ceder su pabellón vacío a Bolivia, poniendo en evidencia el trasfondo político y económico de esta decisión, en un intento de acceder a los recursos de litio de la nación latinoamericana.
Para 2026, Rusia planea presentar una exposición titulada The Tree Is Rooted in the Sky, que contará con al menos 38 artistas y músicos. Mikhail Shvydkoy, el enviado cultural de Putin, afirmó que “Rusia nunca dejó la Bienal de Venecia”, interpretando esta participación como una señal del fracaso de los esfuerzos por aislar la cultura rusa en el contexto internacional.
Sin embargo, los firmantes de la carta contra la participación rusa argumentan que esto contraviene el compromiso ético que asumió la Bienal en marzo de 2022 de romper relaciones con entidades oficiales rusas mientras dure la guerra en Ucrania. El documento destaca que la presencia de un pabellón estatal ruso plantea cuestiones urgentes sobre cómo se sostiene este principio en la actualidad.
La Bienal, en su comunicado, defiende la idea de que “la cultura está por encima de la política”, ofreciendo un espacio de diálogo y libertad artística. Pero los críticos reprochan que esta afirmación se convierte en una herramienta política para promover la agresión y ocultar objetivos estatales bajo el disfraz de intercambio cultural.
Entre los firmantes de la carta se encuentra Nadya Tolokonnikova, fundadora de la banda y colectivo artístico Pussy Riot, que ha sido objeto de represalias severas en su país por su activismo. Tolokonnikova argumenta que la participación de Rusia en la Bienal es un golpe a la seguridad de Europa, señalando que “el poder cultural se ha transformado en parte de la doctrina militar de Rusia”.
La reacción no se ha hecho esperar. El Ministerio de Cultura italiano ha establecido que la decisión de incluir a Rusia en la Bienal fue tomada de forma independiente por la Fundación Bienal, a pesar de la oposición del gobierno italiano. En este contexto, el ministerio ha reiterado su compromiso con la recuperación del patrimonio cultural ucraniano, devastado por los bombardeos rusos.
Con 6,360 firmas verificadas hasta la fecha, la carta implora que la Bienal se mantenga como un espacio donde el arte no encubra ni ceda ante la violencia, sino que ilumine la verdad y la responsabilidad, desafiando cualquier intento de instrumentalizar la cultura para fines de opresión.
Dicha situación resuena en un momento donde artistas y figuras culturales también han llamado a la exclusión de Israel en el mismo evento, aludiendo a las implicaciones de su política en Palestina. Así, la Bienal se enfrenta a un desafío de grandes proporciones, reflejando las tensiones sociales y políticas que atraviesan el mundo contemporáneo.
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