En México, la menstruación continúa siendo un tema rodeado de desigualdades y barreras estructurales que afectan a mujeres y niñas en todo el país. A pesar de algunos avances legislativos, como la eliminación del IVA a productos menstruales y la implementación de licencias menstruales en ciertas entidades, los recientes datos reflejan que aún queda un largo camino por recorrer para garantizar una experiencia digna y libre de obstáculos.
De acuerdo con los hallazgos de la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual 2025, un alarmante 31% de las niñas y adolescentes menores de 15 años ha faltado a la escuela durante su periodo menstrual, principalmente debido al dolor e inquietudes sobre posibles manchas. Esta situación tiene un impacto profundo, limitando sus oportunidades educativas y, por ende, su futuro.
Viridiana Zamora, especialista de UNICEF México, identifica urgentemente tres áreas clave para mejorar: la infraestructura escolar, el acceso gratuito a productos menstruales y la promoción de un ambiente de conversación abierta sobre la menstruación, que incluya a niños y educadores. La encuesta indica que un 42% de las estudiantes carece de suministros básicos en sus escuelas, como jabón y papel higiénico, evidenciando la falta de condiciones adecuadas.
Además de la infraestructura, persiste una grave falta de información sobre el ciclo menstrual. Un 75% de la población desconoce que este ciclo comprende cuatro fases distintas, y un 66% reporta haber recibido poca o ninguna educación al experimentar su primera menstruación. Las redes sociales y la búsqueda en línea se han convertido en las principales fuentes de información, con un 52% de los encuestados recurriendo a ellas, mientras que solo un 4% obtiene información en las escuelas.
La menstruación no debe ser considerada solo un asunto higiénico, sino un tema que atañe a la salud pública y los derechos humanos. Se ha subestimado el impacto que tiene en la educación, el trabajo y la participación social de las mujeres. Como sostiene Zamora, la menstruación no es simplemente un aspecto privado, sino que está intrínsecamente ligado a factores estructurales que requieren la atención del Estado.
Los resultados de la encuesta señalan que un 34% de las encuestadas ha renunciado a actividades debido al dolor menstrual, cifra que ha aumentado desde años anteriores. Asimismo, un 67% informa que no dispone de productos menstruales ante imprevistos en su escolaridad o trabajo, un retroceso respecto a 2022. El estigma en torno a la menstruación también incide en esta problemática, ya que un 33% de las mujeres y niñas evita participar en actividades por el miedo a mancharse.
A pesar de estos desafíos, las percepciones sobre la menstruación comienzan a cambiar. Según la encuesta, el 92% de la población opina que no debería ser tabú hablar de menstruación, frente al 88% de hace tres años. La aceptación de que el dolor menstrual debe ser tolerado también ha disminuido significativamente del 85% al 75%.
Un aspecto que ha sido poco explorado es la información relacionada con la menopausia y la perimenopausia. Resultados recientes revelan que el 80% de las mujeres encuestadas desconoce qué implica la perimenopausia y un 67% no ha recibido orientación médica durante la menopausia, lo que pone de manifiesto una brecha crítica en la atención de la salud femenina.
A pesar de los recientes avances legislativos, como la eliminación del IVA a productos menstruales, que ha reducido los reportes de dificultades económicas para adquirirlos del 30% al 21%, es evidente que la implementación de estas reformas aún no se traduce en mejoras tangibles para las mujeres en su vida diaria. Es necesario consolidar esfuerzos para asegurar la permanencia de esta exención fiscal, expandir la distribución gratuita de productos en organizaciones y escuelas, y fortalecer la educación menstrual en todos los niveles.
En resumen, aunque se avanza hacia un mejor reconocimiento y gestión de la menstruación como un aspecto de salud pública y dignidad, es crucial que las acciones y políticas se implementen de manera efectiva y accesible para todas. Esto no solo impactará la vida de muchas mujeres y niñas, sino que contribuirá a construir un futuro más equitativo y libre de tabúes en torno a la menstruación.
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