Mijaíl Gorbachov ha regresado figurativamente a la escena política, esta vez como símbolo del jaque que Donald Trump está dando contra la revolución castrista. En una serie de revelaciones, el acuerdo económico que se está gestando, denominado “cubastroika”, parece estar tomando forma bajo la promoción del secretario de Estado, Marco Rubio, en conversaciones secretas con el nieto de Raúl Castro. Este enfoque sugiere la implementación de reformas económicas inspiradas en el modelo venezolano, pero careciendo de los recursos vitales como el petróleo y el oro, al mismo tiempo que estaría contemplando el desplazamiento del actual presidente, Miguel Díaz-Canel.
El término “cubastroika” no es nuevo; puede rastrearse hasta la crítica de analistas hace tres años sobre los fallidos intentos de Rusia para transformar la economía cubana mediante un modelo de capitalismo autoritario, a pesar de la resistencia de los antiguos líderes revolucionarios. La actual propuesta implica una especie de amnistía para la familia Castro y, al mismo tiempo, una posible flexibilización de las sanciones estadounidenses, en particular sobre los sectores energético y turístico, para mitigar la crisis humanitaria que azota a la isla.
Desde la caída del régimen chavista, Cuba ha soportado una crisis multisistémica insuperable, llevando a miles de cubanos a manifestarse en las calles de La Habana, exigiendo un cambio radical y clamando contra el comunismo. Ejemplos de estos sentimientos se escuchan con fuerza, como las palabras de Yudisleidys Coa, quien, afectada por la escasez de alimentos y la imposibilidad de educar a sus hijos, expresa su desesperación y anhelo por un cambio.
El testimonio de cada cubano pone de manifiesto la gravedad de una crisis humanitaria sin precedentes en un país que ya había enfrentado la severidad del Período Especial. Hoy, los indicadores son alarmantes: el 1% del combustible disponible en comparación con 2023, acompañado de un colapso energético, desabastecimiento de productos básicos y un deterioro del sistema de salud palpable.
Emilio Morales, economista que observa la situación, alerta que la crisis actual es significativamente más grave que la del Período Especial. A diferencia de entonces, cuando Fidel Castro mantenía cierto control sobre la población, la juventud de hoy percibe el régimen como una mafia corrupta. Morales enfatiza que Cuba está “al final de la línea” y que el deseo de negociar con Trump y Rubio es un signo claro de su debilidad.
Los indicadores socioeconómicos actuales sugieren que el régimen cubano no tiene el respaldo suficiente para resistir más. Sin el apoyo de petróleo venezolano, Cuba depende de importaciones costosas para sostener su ya deteriorada infraestructura eléctrica y su economía en general.
A medida que el escenario se desarrolla, las afirmaciones de Trump sobre el inminente cambio en Cuba generan expectación. La historia parece estar en una encrucijada, y sólo el tiempo dirá si la “cubastroika” se convertirá en una realidad o quedará en el ámbito de las ilusiones. La situación es tensa, y la presión aumenta sobre un régimen que lucha por mantenerse a flote ante la adversidad.
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