El recién asumido presidente de Chile, José Antonio Kast, se encuentra ante un importante desafío internacional: la decisión sobre el futuro del polémico proyecto de cable submarino de fibra óptica que busca conectar al país con China. Esta iniciativa pretende disminuir la dependencia de las actuales rutas de datos de internet que pasan por América del Norte, pero ha sido víctima de la creciente tensión entre Estados Unidos y el gigante asiático.
El proyecto, inicialmente adjudicado en enero a la empresa estatal China Mobile, despertó preocupaciones en Washington, que bajo el gobierno de Donald Trump, catalogó la iniciativa como una potencial “amenaza” para la seguridad regional. Sin embargo, la designación fue anulada poco después, lo que llevó a Estados Unidos a sancionar a tres altos funcionarios del gobierno saliente de Gabriel Boric, incluidos miembros clave de su gabinete, por no cumplir con los protocolos en torno a la seguridad.
El experto en telecomunicaciones, Jonathan Frez, señala que un cable administrado por China podría dificultar la supervisión del tráfico de datos en la región, lo que complica aún más la situación. Esta conexión no solo afectaría a Chile, sino que también fortalecería los lazos de China con el resto de América Latina, incluyendo a Brasil, que es parte del grupo BRICS junto a Rusia, India y Sudáfrica.
Kast ahora se enfrenta a la tarea de equilibrar las relaciones con China, su principal socio comercial, y sus deseos de acercarse a Estados Unidos. En el periodo previo a su mandato, surgieron tensiones entre él y Boric, quien acusó a su predecesor de falta de transparencia respecto al proyecto del cable.
Además de este desafío, Kast ha prometido abordar de inmediato temas como la delincuencia y la migración irregular, áreas donde Estados Unidos ha expresado interés en colaborar. Las sanciones aplicadas a los funcionarios de Boric son vistas como una advertencia hacia la nueva administración, que se alinearía más con el interés estadounidense, que muestra un renovado enfoque en América Latina.
China es, de hecho, el principal destino de las exportaciones chilenas, con un intercambio que en 2025 alcanzó los 38,000 millones de dólares, principalmente en cobre, cerezas y litio. Ante esta realidad, los analistas sugieren que Chile debe evitar una dependencia excesiva del comercio con la potencia asiática, abriendo puertas a otros mercados.
El proyecto del cable submarino tiene como objetivo acelerar el tráfico de datos en un país que ya se sitúa como el sexto en el mundo con internet de banda ancha más rápida. Se espera que esta infraestructura fortalezca los servicios digitales y el comercio electrónico, consolidando la posición de Chile como un hub digital en la región.
Awhile ago, Chile también inició la construcción de un cable de 14,800 kilómetros que conectará Valparaíso, en la costa central, con Sídney, Australia, en colaboración con Google. Sin embargo, si el proyecto con China Mobile no se concretase, se especula que Beijing podría dirigir sus inversiones a otros países, como Perú, que también despiertan el interés chino en América Latina.
En este panorama, Kast deberá gestionar una situación compleja, donde las decisiones que tome podrían definir el rumbo no solo de la conectividad de Chile, sino también de sus relaciones internacionales en un mundo cada vez más interconectado y disputado.
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