El 11 de marzo de 2026, el Ejército de Israel ha iniciado una nueva ola de bombardeos masivos en el Dahye, un barrio en el sur de Beirut, en respuesta a un intenso lanzamiento de cohetes por parte del grupo chií libanés Hizbulá. Este desarrollo ha intensificado las tensiones en la región, con informes de múltiples ataques que han sacudido gran parte de la capital libanesa.
Según un comunicado oficial del ejército israelí, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han comenzado a atacar puntos estratégicos de Hizbulá en el Dahye. Hasta el momento, se han documentado al menos ocho poderosos bombardeos, algunos de los cuales se sintieron con fuerza en diversas partes de Beirut, confirmando así la magnitud de la ofensiva. “Los esfuerzos de intercepción de proyectiles continúan”, señala la declaración, que también destaca que la escalada militar tuvo lugar poco después de que Hizbulá lanzara decenas de cohetes hacia el territorio israelí, indicando un posible endurecimiento de sus intervenciones.
En una apariencia pública, el portavoz del Ejército de Israel, Effie Defrin, fue claro al manifestar: “Atacaremos y seguiremos atacando”, dejando entrever la determinación de Israel frente a lo que consideran provocaciones constantes. Para hacer frente a la situación, Israel ha movilizado la Brigada Golani, una renombrada unidad de infantería, hacia la frontera con el sur del Líbano.
La cifra de víctimas en el Líbano ya alcanza los 634 muertos debido a los bombardeos israelíes, especialmente en los suburbios del sur, el valle de la Becá y el Dahye, según reportes de las autoridades locales. Además, más de 1.500 personas han resultado heridas y 760.000 han sido desplazadas como consecuencia de esta creciente violencia. Por otro lado, en Israel, se han reportado 12 muertes relacionadas con los ataques con misiles de grupos afines a Irán, aunque no se han documentado bajas por parte de Hizbulá.
A medida que la situación se desarrolla, el enfoque militar por parte de ambas partes resalta la fragilidad de la paz en la región. La posibilidad de una escalada más violenta se cierne ante la frontera entre Israel y el Líbano, una vez más, delineando un panorama sombrío que abre interrogantes sobre el futuro inmediato de los ciudadanos en ambos lados. La comunidad internacional observa con preocupación, esperando que se tomen medidas para evitar un conflicto a mayor escala en un área ya golpeada por décadas de tensión y enfrentamientos recurrentes.
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