La historia de la esposa de Francisco Javier Guerrero Anaya destaca una inquietante realidad en el sistema bancario mexicano: el impacto de la modernización tecnológica en grupos vulnerables, particularmente en adultos mayores. Después de un accidente automovilístico, el matrimonio se enfrentó a una barrera inesperada al intentar cobrar un cheque en la sucursal de BBVA. La negativa del banco a abrir una cuenta por problemas con la lectura de huellas digitales reveló un problema más profundo. Francisco relata que la gerente de la sucursal, en lugar de ofrecer alternativas, los trató con desdén y desinterés, evidenciando un trato discriminatorio y poco humano que contrasta con su dedicación a su familia durante cuatro décadas.
Este caso no es único; refleja un fenómeno estructural: la banca moderna, al adoptar sistemas de seguridad biométrica, ha dejado a una parte considerable de la población en una situación de invisibilidad. Un estudio de la Dra. Catalina Naumis Peña, del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información de la UNAM, revela que el 48% de los adultos mayores no tiene dactilograma legible, y las mujeres son las más afectadas, con un 51.7% en comparación con el 37.5% de los hombres. Factores como cambios hormonales y el uso constante de productos abrasivos en las labores del hogar contribuyen a esta situación.
El especialista en ciberseguridad, Héctor Morales, aclara que el problema no reside únicamente en los algoritmos, sino en el sistema mismo. La calidad de la huella digital se ve afectada por factores como la resequedad de la piel y la falta de opciones en el registro de huellas, lo que lleva a altos índices de rechazo a clientes legítimos. Esta rigidez se traduce en dificultades operativas para usuarios que, por razones biológicas, no cumplen con los estándares tecnológicos.
Además, las normativas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y la CONDUSEF establecen que la tecnología nunca debe ser un obstáculo para el ejercicio de los derechos financieros. Existen protocolos de excepción que deben ser aplicados cuando las huellas no son capturables. Sin embargo, muchas sucursales siguen ignorando estas directrices, dejando a los clientes a la merced de la interpretación de los empleados.
La experiencia de Francisco Guerrero cambió cuando se dirigió a una sucursal de Banorte, donde, gracias al reconocimiento facial, pudo resolver su situación de manera eficaz, demostrando que existen alternativas más inclusivas que deberían ser ampliamente implementadas en el sector financiero. Morales también resalta la importancia de un enfoque híbrido, combinando biométricos, identificación física y métodos como PINs, lo que permitiría una mejor experiencia para todos los usuarios.
Con una población que envejece rápidamente, se proyecta que para 2030, México contará con 14.08 millones de adultos mayores. Esta transición demográfica exige una respuesta efectiva de la banca, que debería ir más allá de ganar dinero y reflejar un compromiso genuino hacia la inclusión. Francisco concluye que es imprescindible que las políticas públicas se diseñen de manera integral, considerando que cada ciudadano debe ser reconocido y tratado con dignidad.
Para aquellos que enfrentan problemas con la identificación biométrica en los bancos, los expertos recomiendan hidratar la piel antes de la verificación, exigir el registro de más de una huella y recordar los derechos garantizados por la normativa, así como documentar cualquier negativa al servicio. Este enfoque no solo proporciona herramientas a los individuos, sino que también exige una rendición de cuentas más robusta por parte de las instituciones financieras, resaltando una necesidad apremiante de inclusión en el ámbito bancario en México.
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