La controversia sobre la Colección Gelman ha adquirido proporciones significativas en el ámbito del arte mexicano, con más de 200 profesionales del sector alzando la voz en repudio a la gestión del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL). Estas voces críticas acusan al INBAL de “opacidad” y de promover el “mal uso de la ley”, en medio de un debate encendido sobre la integridad y la custodia de un conjunto artístico considerado uno de los más importantes del país.
El conflicto se intensificó a principios de 2026, cuando se anunció que parte del acervo —alrededor de 160 obras de un total de más de 300— sería exhibido y custodiado en España por el Banco Santander. Las piezas más emblemáticas de la colección, que incluyen obras de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y, crucialmente, 18 obras de Frida Kahlo, están bajo la protección de una estricta ley de Patrimonio. Esta legislación exige la supervisión y autorización del INBAL para cualquier salida del país de estas obras.
Un grupo inicial de curadores y gestores, entre los que se encuentran figuras de renombre como Cuauhtémoc Medina y Ana Elena Mallet, emitió una carta abierta. En ella, dieron voz a sus inquietudes sobre el futuro de la colección y acusaron al INBAL de incumplir con su mandato de cuidado y preservación. Sin embargo, la institución respondió destacando que estaba comprometida con la protección de la colección, subrayando que se ofrecieron detalles acerca de la exposición temporal de parte de la colección Gelman en el Museo de Arte Moderno (MAM) en Ciudad de México, donde la colección regresó tras dos décadas de litigios internacionales.
Durante la inauguración de la exposición, la directora del INBAL, Alejandra de la Paz, informó que se había firmado un acuerdo entre la familia Zambrano, propietarios de la colección, y la Fundación Santander, responsable del futuro custodio del acervo en su nuevo centro cultural, Faro Santander, previsto para abrir en junio, tras concluir la exhibición en el MAM. El INBAL ha establecido que la autorización para la exportación de las obras tiene una validez de cinco años, con posibilidad de renovación, y que su responsabilidad recae en 28 obras catalogadas como Monumento Artístico.
No obstante, una nueva carta publicada recientemente por los críticos cuestiona el proceso de divulgación de información crítica, que ocurrió en un evento exclusivo al que solo asistieron invitados, lo que generó más dudas sobre la transparencia de la gestión actual. Estos expertos han solicitado al INBAL que se haga pública la información relativa a los permisos de exportación de las obras protegidas y han instado a aclarar quién realmente tiene la responsabilidad del cuidado del acervo: los coleccionistas mexicanos o el Banco Santander.
La trayectoria de la Colección Gelman está plagada de intrigas, comenzando en la mitad del siglo XX, cuando la pareja de millonarios europeos, Jacques y Natasha Gelman, establecieron su hogar en México. Tras el fallecimiento de Jacques, la colección se convirtió en un tema de disputas legales, especialmente bajo la dirección del curador Robert R. Littman, quien se presentó como albacea del testamento de Natasha. Luego de su muerte en los años noventa, una ola de herederos emergió, complicando todavía más la situación.
Desde 2024, el destino de la colección también ha estado en el centro de controversias, ya que se suspendió una subasta de Sotheby’s donde algunas obras protegidas por la ley mexicana estaban incluidas. El gobierno federal tomó medidas enérgicas para paralizar la venta, reforzando la atención sobre el destino de estas valiosas obras.
La reciente carta de los 200 profesionales del arte concluye subrayando que, tras el cambio de propietario, la colección podría haber permanecido en México, beneficiando al público y al desarrollo cultural del país. Insisten en la necesidad de que las instituciones culturales actúen en cumplimiento de la ley, en lugar de favorecer interpretaciones que priorizan a un grupo empresarial. Este dilema sobre el Museo y su acervo sigue siendo un tema candente en el panorama cultural mexicano, generando cuestionamientos legítimos sobre la gestión de su patrimonio artístico.
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