El 27 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel emprendieron un ataque conjunto contra Irán, desencadenando un conflicto que rápidamente ha tomado un curso impredecible en Oriente Medio. La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar e incluye ataques dirigidos contra bases estadounidenses en naciones vecinas, llegando incluso a cerrar el estratégico estrecho de Ormuz. Este estrecho, de 55 kilómetros de ancho y situado entre Irán y Omán, es crucial para el comercio energético, al ser la ruta por donde transita alrededor del 31% de los envíos mundiales de petróleo.
El cierre del estrecho ha interrumpido el flujo de petróleo y gas, sacudiendo así los mercados globales. Normalmente, por estas aguas circulan aproximadamente 13 millones de barriles de petróleo al día, y el bloqueo ha alterado drásticamente los precios, que ya han comenzado a mostrar un incremento significativo. El 2 de marzo, el crudo Brent alcanzó los 79 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate llegó a 71 dólares, marcando un aumento del 6%. A medida que la situación se desarrolla, se ha observado que los precios continúan en ascenso, cotizando cerca de 98 dólares el barril a mediados de marzo, con un pico de 109 dólares registrado previamente.
Este escenario despierta ecos del pasado, en particular de la primera crisis del petróleo de 1973, cuando un embargo impuesto por la OAPEC a Estados Unidos provocó que los precios se cuadruplicaran en tan solo dos meses, llevando al país a una grave recesión. A diferencia de aquella época, hoy los países productores de la OPEP, junto con Rusia y otros, están trabajando para estabilizar el mercado, incrementando la producción en un total de 206,000 barriles diarios desde el inicio del conflicto. Además, la Agencia Internacional de Energía ha decidido liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas para contener el alza de precios.
El contexto actual también recuerda a la segunda crisis del petróleo, desencadenada por la Revolución iraní en 1979, que resultó en una pérdida de aproximadamente el 7% de la producción mundial de petróleo. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente; la influencia de Irán en el mercado del petróleo se ha reducido considerablemente con su producción representando hoy apenas el 4% de la producción global anual.
A medida que los mercados se cierran a la incertidumbre, el estrecho de Ormuz centra la atención de analistas y economistas. El puerto de Ras Tanura, el mayor para las exportaciones de Arabia Saudí, se encuentra en riesgo, ya que un cierre total del estrecho podría significar la pérdida de al menos cinco millones de barriles diarios. Este impacto podría ser devastador, especialmente considerando que el puerto de Yanbu en el mar Rojo no tiene la capacidad para compensar rápidamente este déficit.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, predijo que el conflicto podría extenderse entre cuatro y cinco semanas, aunque las circunstancias actuales parecen sugerir que el desenlace podría tardar más tiempo. La duración de esta crisis, ya sea corta o prolongada, dependerá en gran medida de la dinámica en el estrecho de Ormuz y sus alrededores en los días y semanas venideros. El desarrollo de la situación no solo es crucial para Oriente Medio, sino que tiene el potencial de repercutir en la economía global de maneras que aún no podemos prever.
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