Una expedición internacional de investigadores ha confirmado el hallazgo de la ciudad perdida de Alexandria, situada a orillas del Tigris en Irak. Fundada por Alejandro Magno entre 356 y 323 a.C., esta ciudad fue un centro vital de comercio hasta el siglo III d.C., albergando una rica historia que abarcó parte de Europa, el Medio Oriente y Asia del Sur.
El descubrimiento fue anunciado en enero por la Universidad de Konstanz en Alemania, donde el profesor Stefan Hauser dirige una iniciativa arqueológica dedicada a documentar el sitio. Este importante hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre la expansión de Alejandro Magno y su legado.
Alexandria en el Tigris, conocida posteriormente como Charax Spasinou, se suma a otras ciudades fundadas por el célebre general, siendo la más famosa la Alexandria en Egipto, hoy la segunda metrópoli más grande del país. Sin embargo, a diferencia de su homónima, esta ciudad fue olvidada con el paso de los siglos. Para el siglo III d.C., el Tigris había cambiado su curso, alejando la conexión fluvial que sostenía su comercio, lo que llevó a su abandono.
El redescubrimiento remoto de esta ciudad se remonta a mediados del siglo XX, cuando el investigador John Hansman, al analizar fotografías aéreas, identificó estructuras vestigiales en un área cercana a Jebel Khayyaber que coincidían con descripciones de Plinio el Viejo del siglo I. Sin embargo, conflictos y la inestabilidad política, especialmente durante la guerra Irán-Iraq de los años 80, obstaculizaron el avance en la investigación.
No fue sino hasta 2014, bajo circunstancias difíciles y en vehículos blindados, que un equipo británico obtuvo acceso para explorar el sitio. Dos años después, el proyecto conocido como Charax Spasinou contaba con la colaboración de Hauser, quien aportó su experiencia en arqueología mediterránea y del Cercano Oriente.
Las condiciones de trabajo han sido desafiantes, pues los arqueólogos solo pudieron realizar investigaciones no invasivas, como levantamientos de superficie y fotografía aérea con drones, siempre custodiados. Estas técnicas revelaron el diseño de una gran metrópoli, permitiendo identificar cuatro secciones principales: un área residencial extensa, un puerto fluvial con talleres, un palacio monumental y un sistema de irrigación agrícola en las afueras de la ciudad.
El profesor Hauser expresó: “Lo que tenemos ante nosotros es el equivalente de la Alexandria del Nilo”. Este hallazgo subraya la importancia de Alexandria en la antigüedad y su potencial para ser una fuente invaluable de conocimiento histórico.
Con planes de futuras excavaciones en el horizonte, la expectativa sobre lo que aún queda por descubrir es palpable. La redescubierta Alexandria en el Tigris es un recordatorio de las complejidades de la historia humana y de cómo, a pesar del tiempo y el olvido, los ecos del pasado aún pueden resurgir para iluminar nuestro presente.
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