La economía mexicana enfrenta un desafío crucial: para alcanzar un crecimiento sostenido que trascienda la modesta expansión de los últimos años, es esencial aumentar los niveles de inversión, tanto del sector privado como del público. Esta visión unificada ha sido destacada por la banca en el país, que sostiene tener más de 1.5 billones de pesos disponibles para financiar proyectos, siempre y cuando estos sean viables para el sistema financiero.
Un aspecto fundamental para facilitar este flujo de inversión es la creación de un ambiente de certidumbre para los inversionistas. Este entorno incluye reglas claras que no cambien con el tiempo, así como estrategias para combatir la informalidad y el uso del efectivo. Así, se podría no solo incentivar a las grandes empresas, sino también alcanzar a las pequeñas y microempresas, generando un ciclo virtuoso que estimule la economía.
El Gobierno Federal ha presentado iniciativas como el Plan México y el Plan de Infraestructura, contemplando que estas acciones pueden guiar al país hacia ese crecimiento ambicioso. Sin embargo, los bancos enfatizan la necesidad de un acompañamiento por parte de la banca de desarrollo para que estos planes se materialicen efectivamente.
La situación actual de la economía mexicana es alarmante. Durante la última década, el crecimiento ha permanecido por debajo de su potencial; en 2025, por ejemplo, el crecimiento se limitó a un 0.8%, tras una serie de años con cifras desalentadoras. A pesar de que se observó un rebote en 2021, luego de la caída del 8.5% en 2020 debido a la pandemia, el potencial de crecimiento sostenido podría situarse entre el 3.0% y el 5.0% si se implementan las inversiones necesarias.
En cuanto a la inversión, datos de BBVA destacan una reducción en la inversión privada del 4.4% anual en 2025 y una drástica disminución del 18.9% en la inversión pública. Esta tendencia demuestra la urgencia de actuar y revertir el rumbo.
Expertos como Eduardo Osuna, vicepresidente de BBVA México, señalan que un crecimiento superior al 3.0% de manera sostenida es fundamental para abordar problemas de pobreza y mejorar la calidad de vida de los mexicanos. Osuna aboga por un aumento en la inversión nacional, complementada por la inversión extranjera, que actualmente representa solo el 10% de la inversión total.
Marcos Ramírez Miguel, director general de Grupo Financiero Banorte, subraya la necesidad de contar con proyectos bancarizables a mediano y largo plazo. La claridad en los planes de futuro permitirá a los inversionistas adoptar decisiones informadas y a los bancos facilitar el financiamiento necesario.
Felipe García Ascencio, director general de Banco Santander México, hace hincapié en la importancia de la aprobación y ejecución de proyectos que ya están preparados para impulsar la inversión. Asegura que hay un interés considerable tanto de inversionistas nacionales como internacionales, pero el impulso real depende de que estos planes se lleven a la práctica.
Desde una perspectiva digital, la inclusión financiera también se perfila como una herramienta vital para estimular el crecimiento. Los nuevos actores en el sector bancario están ofreciendo produtos que pueden reducir los tiempos de espera en la banca tradicional, promoviendo así un entorno más eficiente y productivo.
Si bien el contexto actual presenta retos significativos, la combinación de políticas claras, inversiones sostenibles y la inclusión financiera pueden marcar el camino hacia un futuro más próspero para México.
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