Cuba se encuentra enfrentando una crisis eléctrica sin precedentes, con la red eléctrica colapsando por segunda vez en una sola semana. En la madrugada del domingo, el suministro de energía comenzó a recuperarse tras un apagón masivo que afectó a los aproximadamente 10 millones de habitantes de la isla. Este colapso, que ocurrió el sábado a las 22:32 GMT, fue consecuencia del fallo de una de las principales centrales eléctricas ubicadas en Nuevitas, en la provincia de Camagüey.
El Ministerio de Energía y Minas de Cuba ha informado que se han establecido microsistemas energéticos a lo largo de todas las provincias, con el fin de priorizar el suministro de energía a servicios esenciales como hospitales y la distribución de agua y alimentos. Mientras tanto, las plantas de gas en Varadero y Boca de Jaruco funcionaban, y se logró restablecer el servicio eléctrico a una central de petróleo cercana.
La situación en La Habana, donde las calles permanecían prácticamente a oscuras antes del amanecer, retrataba la crisis que atraviesa el país: habitantes sentados en los umbrales de sus casas, compartiendo anécdotas y ahuyentando mosquitos bajo un cielo estrellado—un entorno inusualmente cálido a pesar de los desafíos que enfrentan.
Este no es un acontecimiento aislado; en marzo, ya se habían registrado tres cortes significativos del suministro eléctrico. El colapso más reciente es, sin duda, un síntoma de un sistema energético que lleva meses en crisis, dejando a los cubanos sin luz durante horas e incluso días en épocas menos problemáticas. Aún más alarmante es que este es el tercer apagón nacional en solo un mes, un hecho excepcional que revela la magnitud de la vulnerabilidad de la infraestructura eléctrica cubana.
Las causas de esta crisis están relacionadas, en gran parte, con el embargo petrolero impuesto por Estados Unidos, que ha dificultado seriamente el acceso de Cuba a recursos vitales. Desde que Donald Trump intensificó las medidas contra la importación de petróleo venezolano, el país ha tenido grandes dificultades para mantener operativos sus centrales energéticas. Venezuela había sido el principal proveedor de petróleo de la isla, enviando suministros en términos muy favorables y, tras el cambio de liderazgo en Caracas, la situación se ha vuelto crítica.
El gobierno cubano ha atribuido sus problemas económicos, incluida su fallida infraestructura energética, al embargo, mientras que desde Washington se argumenta que las deficiencias son consecuencia de un modelo económico planificado que no ha logrado adaptarse a las nuevas realidades.
La situación sigue siendo delicada y el futuro de la red eléctrica cubana es incierto. Los habitantes, acostumbrados a lidiar con cortes de energía, ahora enfrentan un reto aún mayor al ver cómo su forma de vida se ve afectada por la conjunción de bloqueos externos y problemas estructurales internos. La comunidad internacional observa, preguntándose cuáles serán los próximos pasos de un país que intenta mantener la luz encendida en medio de la oscuridad.
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