La Fundación Azrieli, una organización benéfica vinculada a la mayor empresa inmobiliaria de Israel, ha decidido poner fin a su apoyo a la Fundación de las Artes de Toronto (TAF) tras una intensa campaña de protesta liderada por artistas y trabajadores del arte canadienses. Las manifestaciones, impulsadas por el grupo Artistas en Contra del Lavado de Arte (AAA), acusaron a la Fundación Azrieli de ser “recursiva de este genocidio y robo de tierras”, en referencia a la guerra en Gaza.
A pesar de que tanto la Fundación Azrieli como la TAF han afirmado que esta decisión no está relacionada con las protestas, AAA declaró que se celebra una victoria tras dos años de organización y resistencia. Este proceso incluyó interrupciones de eventos clave, como el discurso de la alcaldesa Olivia Chow en la Noche de las Artes de la Fundación de las Artes de Toronto el 20 de noviembre de 2024.
Desde marzo de 2024, AAA ha instado a la TAF a romper lazos con la Fundación Azrieli, presentando incluso una carta abierta firmada por más de 450 artistas y trabajadores culturales. Este movimiento está enmarcado dentro de una campaña nacional que busca cuestionar la financiación de la Fundación Azrieli a organizaciones culturales canadienses, que también incluye a instituciones prominentes como Canadian Stage, el Festival Luminato y la Orquesta Sinfónica de Toronto.
AAA ha subrayado que la Fundación Azrieli está “profundamente incrustada en el paisaje artístico canadiense” mientras, según ellos, financia grupos de lobby sionista que deshumanizan a los palestinos en los medios de comunicación canadienses. En respuesta, representantes de la TAF han negado que la decisión de terminar la colaboración sea resultado de la presión externa.
Heather Sherman, directora de comunicaciones de la Fundación Azrieli, ha asegurado que la fundación busca nuevos enfoques para apoyar las artes y la cultura en Canadá. Estas afirmaciones se presentan en medio de acusaciones de que la Fundación Azrieli ha financiado actividades que guardan relación con el conflicto en Gaza. Vince Rozario, portavoz de AAA, ha refutado estas acusaciones de antisemitismo, sosteniendo que las afirmaciones sobre las inversiones de la Fundación Azrieli son fácilmente verificables.
AAA también ha afirmado que la Azrieli Group, la compañía inmobiliaria, posee activos significativos en infraestructuras de asentamientos ilegales en Cisjordania y Jerusalén Este, además de acciones en el Banco Leumi, que se menciona como violador de leyes internacionales por financiar estos asentamientos y la extracción de recursos naturales en Palestina. Estas denuncias han sido objeto de debate, y la Fundación Azrieli ha descalificado estas alegaciones como infundadas.
En un comunicado reciente, Naomi Azrieli, presidenta de la Fundación, ha enfatizado que esta institución opera de manera independiente y no es simplemente el brazo filantrópico de la Azrieli Group. Esta distinción se hace en un contexto de creciente escrutinio sobre la relación entre financiamiento cultural y las políticas en torno al conflicto israelí-palestino.
Este desarrollo marca un nuevo capítulo en la intersección entre arte, financiación y derechos humanos, donde las organizaciones culturales se ven presionadas a reconsiderar sus fuentes de apoyo en un entorno político y social cada vez más polarizado. La atención sigue centrada en cómo esta dinámica se desarrollará en el futuro cercano.
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