En el vibrante escenario del arte contemporáneo, la inauguración de Art Basel Hong Kong dejó una impresión mixta entre los galeristas participantes y los coleccionistas de la región. Este evento, que abrió sus puertas el 25 de marzo de 2026, destacó por su diversidad de obras y la presencia de 240 galerías, pero, a pesar de un flujo inicial de efectivo, la confianza en las ventas se sintió más bien titubeante.
Marc Payot, un destacado representante de Hauser & Wirth, expresó su entusiasmo por el comienzo “fenomenal” de la feria, señalando la asistencia de coleccionistas serios de toda Asia. Para las 5 p.m., varios trabajos clave ya habían encontrado nuevos dueños. Entre las ventas más notables se encontraba la escultura “Couple” de Louise Bourgeois, que alcanzó los 2,2 millones de dólares, y su obra “À Baudelaire (#1)”, vendida por 2,95 millones. Adicionalmente, un colorido cuadro de George Condo logró venderse por 2,3 millones.
Los elevados precios continuaron con la venta del móvil “Horizontal” de Alexander Calder y “Chat et crabe sur la plage” de Pablo Picasso. Sin embargo, la galería no reveló los precios de estas obras. La reciente exhibición de Lee Bul en M+ también dejó su huella, con la venta de “Untitled (‘Infinity’ wall)” por 275,000 dólares, agregando un componente contemporáneo al evento.
Con una mezcla de obras modernas y piezas históricas, Payot subrayó la singularidad de su presentación en la feria, asegurando que han llevado a Hong Kong obras de gran calibre que no se encuentran en ninguna otra feria de arte asiática.
Por otro lado, David Zwirner reportó ventas igualmente impactantes, incluido un cuadro de Liu Ye por 3,8 millones de dólares, mientras que otras galerías como Bastian y White Cube reportaron ventas de obras de Picasso y Tracey Emin, que también superaron los millones de dólares.
Lehman Maupin señaló un ambiente de recuperación en el mercado artístico de Hong Kong, con ventas aseguradas a instituciones en Asia. Marc Glimcher, CEO de Pace Gallery, reflejó un optimismo renovado respecto al dinámico ambiente de la ciudad, a pesar de los desafíos persistentes relacionados con la pandemia y la política.
Sin embargo, no todos los participantes compartieron la misma fortuna. El ambiente en el piso superior de la feria costó cierta tranquilidad, con galerías que no lograron realizar ventas tan rápidamente como habían previsto. Richard Nagy, por ejemplo, no había concretado ninguna transacción tras horas de exhibición, reconociendo que la decisión de los coleccionistas parecía estar influenciada por factores económicos más que por el atractivo artístico.
Charmaine Chan, de la galería Pearl Lam, notó una notable ausencia del tipo de compras decisivas que usualmente caracterizan a los coleccionistas locales, un indicio de la incertidumbre que aún persiste en el mercado. A pesar de reportar algunas ventas de cinco cifras, la falta de confianza se sentía en el aire.
Mientras la feria continúa, los ecos de Art Basel Hong Kong no solo resonarán en la esfera del arte contemporáneo, sino que también servirán como un termómetro del estado del mercado en la región, un ámbito que sigue siendo un signo de interrogación en el futuro cercano.
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