“Cada día me aseguraban que me iban a matar. Y me decían cómo”. Este titular que dio la vuelta al mundo en 2017 lo pronunciaba Maxim Lapunov, un joven gay residente en Chechenia. Denunciaba en rueda de prensa haber sido arrestado, trasladado a un centro de detención irregular —parecido a un campo de concentración— y torturado en él durante casi dos semanas. Varias organizaciones de derechos humanos habían dado la voz de alarma meses antes, ante el brutal tratamiento que sufre la comunidad LGTBI+, y que llega hasta el asesinato, en esta región prácticamente independiente de Rusia. El presidente checheno, Ramzán Kadírov, confirmó lo evidente al negar en televisión las denuncias sobre una llamada “purga homosexual” asegurando, con el beneplácito de Vladímir Putin, que en su territorio “no existen los gais”.
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En el caso de las mujeres, es todavía más complicado y arriesgado lograr su huida, ya que en esa zona no pueden realizar muchas actividades cotidianas sin la compañía de un hombre. En uno de los momentos más escalofriantes del documental, la cámara de France muestra una arriesgada operación encubierta, propia de una película de espías, que los activistas ejecutan. Necesitan subir a un avión a una joven lesbiana amenazada de muerte por su propia familia. Porque la comunidad LGBTI+ de Chechenia no solo se protege del ataque de las fuerzas de seguridad, la homofobia está tan extendida en la cultura de la región que sus propios familiares los matan para evitar lo que consideran que es una deshonra social. Son los denominados “asesinatos de honor”, que, según denuncian varios periódicos de habla rusa, la policía chechena recomienda y promueve entre sus ciudadanos.

Para France, la Ley de Propaganda Homosexual que impulsó Putin en 2013 ha legitimado lo que ocurre en 2021 en Chechenia y en lugares como la Hungría de Orbán. “Sin duda él abrió camino para este tipo de respuestas contra lo que la comunidad ‘queer’ ha logrado en las últimas décadas. Su actitud está generando un efecto llamada también en Brasil y Polonia, que cuenta con zonas libres de gais, e incluso en Estados Unidos durante la era Trump, que resucitó una campaña del miedo a los transexuales”.
Estrictas normas de seguridad
Además de la exhaustiva investigación que exigía este proyecto, France tuvo que mantener al mismo tiempo tres líneas de acción por motivos de seguridad. La primera de ellas, para no poner en riesgo a las personas que estaba grabando; la segunda, para conservar el material grabado; y la última, para protegerse a sí mismo. “Contábamos con tres empresas de seguridad trabajando en cada una de estas tareas. Tuvimos que crear toda una coreografía para cumplir con esos protocolos, que ocupaban decenas de páginas con instrucciones y que teníamos que repasar una y otra vez”, rememora.



