Marica Vilcek, una destacada defensora de los artistas y científicos inmigrantes, falleció a la edad de 89 años en su hogar de Nueva York, el 23 de marzo de 2026. Su legado, impulsado por una profunda convicción de que el talento debe ser fomentado sin distinciones, perdurará a través de las numerosas iniciativas que su fundación ha desarrollado en el ámbito artístico y científico.
Nacida como Marica Gerháth en 1936 en lo que entonces era Checoslovaquia, su juventud estuvo marcada por eventos significativos, incluyendo la invasión soviética que llevó al exilio de su familia. A los 17 años, fue la única estudiante de Bratislava en ingresar a la prestigiosa Universidad Charles en Praga. Sin embargo, su educación se vio interrumpida al tener que cuidar de su madre enferma. A lo largo de su vida, continuó su formación académica, obteniendo títulos en historia del arte de la Universidad Comenius de Bratislava.
En 1965, Marica y su esposo, el investigador médico Jan Vincek, emigraron a Nueva York tras recibir estatus de refugiados en Alemania. Este cambio de vida no solo marcó un nuevo comienzo, sino que también les permitió contribuir significativamente al entorno cultural y científico estadounidense. Jan Vincek se unió a la facultad de microbiología de la Universidad de Nueva York, donde desarrolló el medicamento Remicade, que ha tenido un impacto importante en el tratamiento de enfermedades como la artritis reumatoide. Este éxito les permitió financiar su pasión por las artes y la investigación.
Marica Vilcek dedicó tres décadas de su vida a la Biblioteca Thomas J. Watson del Museo Metropolitano de Arte, donde finalmente se convirtió en curadora asociada a cargo del departamento de Accesiones y Catálogo. Además, mostró un firme compromiso con la educación al establecer un programa de pasantías en museos, financiando a los primeros participantes de su propio bolsillo. Este esfuerzo ayudó a abrir puertas a jóvenes interesados en profesiones relacionadas con el arte.
Junto a su esposo, en el año 2000 fundó la Fundación Vilcek, que hasta la fecha ha otorgado más de 17 millones de dólares para apoyar las contribuciones de inmigrantes en los campos de las artes y las ciencias. Bajo su dirección, la fundación ha entregado premios monetarios sin restricciones a investigadores y artistas de diversas disciplinas. Rick Kinsel, presidente de la fundación, destacó su excepcional capacidad para reconocer y fomentar el potencial en los demás, lo que ha dejado una huella imborrable en la comunidad artística y científica.
Marica Vilcek no solo será recordada por sus logros profesionales, sino también por su elegante encanto y su generosidad incesante. Su influencia se extiende más allá de los premios y las estructuras físicas, ya que tocó las vidas de innumerables jóvenes que ahora continúan su legado. La comunidad artística y científica lamenta la pérdida de una verdadera defensora y honrará su memoria en una ceremonia privada esta semana. Su esposo, Jan, sobrevive a esta digna figura cuya visión y apoyo inspiraron a muchos.
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