La situación ambiental en el norte de Venezuela ha cobrado urgencia tras el despliegue de equipos por parte de la petrolera estatal PDVSA para controlar dos derrames de petróleo, localizados cerca de la refinería Cardón. Estos incidentes, que se produjeron a principios de la semana, se han convertido en un tema de preocupación tanto para las comunidades locales como para los ambientalistas.
La primera fuga ocurrió en la noche del miércoles en Tiguadare, en el municipio de Carirubana. Un informe interno de PDVSA destaca que la fuga provino del oleoducto LOL, causando un derrame calificado como “moderado”. Equipos de contención fueron enviados al lugar, y se solicitó la suspensión del bombeo para mitigar el daño ambiental. Apenas al día siguiente, en la mañana del jueves, se reportó una segunda fuga en el municipio de Miranda, al otro lado del Golfete de Coro, que también resultó en daños moderados y se originó, nuevamente, en el mismo oleoducto.
A pesar de la gravedad de la situación, PDVSA no ha emitido comentarios oficiales, lo que deja en suspenso la magnitud de cada derrame. El oleoducto afectado es crucial, ya que transporta crudo desde el estado Zulia hacia la refinería Cardón, que puede recibir también petróleo por barco o a través de la refinería vecina Amuay.
Las quejas sobre la deteriorada infraestructura petrolera en Venezuela son comunes y han sido señaladas repetidamente por las comunidades locales, quienes sostienen que estos incidentes dañan gravemente el entorno natural y afectan la pesca, una fuente vital de sustento. Grupos de pescadores han compartido con medios de comunicación imágenes que muestran el crudo burbujeando en un oleoducto y esparcido por el suelo. Sin embargo, la autenticidad de estas fotos no ha podido ser verificada de manera independiente.
El Golfete de Coro no solo es el hogar de una comunidad de más de diez pueblos de pescadores artesanales, sino que también alberga un ecosistema diverso y es un sitio importante para aves migratorias. La coexistencia de estas comunidades y su entorno natural, ahora amenazados por los derrames, resalta la compleja interdependencia entre la actividad industrial y el bienestar ambiental.
Mientras la atención se centra en la respuesta de PDVSA y las repercusiones de estos derrames, las expectativas de las comunidades locales son claras: la protección de su medio ambiente y sus fuentes de vida debe ser prioritaria en la agenda de la empresa estatal. La situación todavía se encuentra en desarrollo y es crucial que se tomen medidas efectivas para evitar que incidentes como este se repitan en el futuro.
(Actualización hasta 2026-03-27 17:09:00).
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