Cerca de 70 millones de niños y adolescentes en Indonesia se ven oficialmente excluidos de las redes sociales a partir del 28 de marzo de 2026. Esta medida, impulsada por el gobierno indonesio, prohíbe el uso de estas plataformas a personas menores de 16 años. Al ser el archipiélago asiático uno de los más poblados del mundo, con 284 millones de habitantes, esta acción se enmarca en una tendencia global de países que buscan proteger a los más jóvenes de los efectos nocivos de la exposición prolongada a contenidos digitales.
Las cuentas de usuarios menores de 16 años en redes sociales consideradas de “alto riesgo”, como YouTube, TikTok, Facebook, Instagram, Threads, X y el videojuego Roblox, deberán ser desactivadas. En este contexto, X y Bigo Live ya han adaptado sus políticas, elevando la edad mínima a 16 y 18 años, respectivamente. La ministra de Comunicaciones, Meutya Hafid, ha dejado claro que las plataformas digitales deben cumplir de inmediato con la nueva normativa, sin posibilidad de excepciones.
Aunque TikTok ha manifestado su compromiso de adherirse a la normativa, el gobierno indonesio no ha especificado cómo implementará el control de esta prohibición. La responsabilidad de garantizar el cumplimiento recae en las propias plataformas, que enfrentan severas sanciones si no actúan conforme a las nuevas reglas.
Antes de la entrada en vigor de la norma, algunos adolescentes ya estaban pensando en formas de evadir la restricción. Por ejemplo, un niño de 11 años, gran usuario de TikTok, confesó que podría recurrir a la ayuda de sus padres. Por otro lado, un joven de 15 años expresó que las horas dedicadas a las redes sociales le inducen una sensación de improductividad, apoyando así la prohibición para que sus compañeros puedan concentrarse más en sus estudios.
A nivel internacional, otros países, como Australia, también han endurecido las restricciones de edad en las redes sociales. Esta preocupación surge en un contexto de creciente alarma sobre los efectos adversos de la exposición de los menores a contenidos perjudiciales y el aumento de la dependencia digital.
En Estados Unidos, la situación ha llevado a decisiones judiciales significativas, como el veredicto que responsabiliza a Instagram y YouTube por su carácter adictivo y su impacto negativo en la salud mental de los adolescentes. En un caso reciente, se concedieron múltiples millones de dólares de indemnización a una joven afectada, reforzando el argumento de que las redes sociales pueden poner en riesgo a los más jóvenes. Este panorama legal resalta la necesidad de un enfoque más regulado y responsable hacia las plataformas digitales que influyen en la juventud contemporánea.
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