En marzo de 2026, la guerra contra Irán se intensificó con ataques coordinados de Israel y Estados Unidos, dirigiéndose a figuras clave del régimen, incluido el Líder Supremo del país. A pesar de estos asaltos, que implicaron la eliminación de altos mandos, la estructura del régimen se mantuvo intacta. En este contexto, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, explicó que Irán sigue una estrategia conocida como “mosaico”. Este enfoque, surgido tras el colapso del gobierno iraquí en 2003, busca establecer una cadena de mando descentralizada que garantice el control interno ante posibles vacíos de poder.
La estrategia incluye designar hasta cuatro sucesores para cada alto cargo, lo que permite reemplazos rápidos sin afectar la cohesión del liderazgo. Los nuevos líderes en política y seguridad están estrechamente asociados con la Guardia Revolucionaria, el brazo de élite del ejército iraní. La experta Burcu Özçelik, del Royal United Services Institute, señaló que esta transición indica una militarización creciente del régimen, que está pasando de una teocracia a un sistema más militarizado, donde la Guardia Revolucionaria ahora tiene un papel preponderante.
En este contexto, la influencia de la Guardia Revolucionaria se ha incrementado notablemente desde que fue fundada por Ruhollah Jomeini tras la Revolución Islámica. Originalmente concebida para proteger el nuevo régimen, la Guardia adquirió mayores responsabilidades tras la guerra Irán-Irak en los años ochenta, evolucionando desde una pequeña unidad a un actor clave en política, economía y defensa, incluyendo el desarrollo de proyectos nucleares.
La estructura de poder actual permite que existan diferencias de enfoque dentro de la Guardia, donde perfiles pragmáticos como el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, coexisten con figuras más duras y ultraconservadoras. Estas divergencias pueden haber llevado a acciones militares no coordinadas, como el lanzamiento de misiles hacia Turquía o intentos de atacar bases estadounidenses.
A medida que la guerra avanza, el nuevo Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, se presenta como una figura enigmática, rara vez visto desde su elección el 9 de marzo. Su inusual ausencia en eventos públicos, doblemente acentuada tras el ataque que resultó en la muerte de su madre y esposa, ha alimentado rumores sobre su estado de salud e influencia real en la toma de decisiones.
Mientras tanto, la situación política en Irán se complica. La creciente militarización del régimen, centrada en la Guardia Revolucionaria, pone de manifiesto un cambio estructural que podría modificar no solo el futuro inmediato del país, sino también su papel en la región. A medida que la comunidad internacional observa, el desafío de encontrar interlocutores claros para negociar se intensifica, dejando a muchos preguntándose sobre el futuro de la República Islámica en el turbulento escenario de la política global.
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