El Mundial de fútbol de 2026, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México, se perfila como un gran evento deportivo, pero también está envuelto en serias preocupaciones. La ONG Amnistía Internacional ha señalado “graves riesgos” para las poblaciones locales y los aficionados, con un enfoque particular en el escenario de Estados Unidos, donde se disputará la mayoría de los partidos. Esta situación se describe como una “crisis de Derechos Humanos” que cobra relevancia a medida que se acerca la competición.
En un contexto marcado por las políticas de inmigración de la administración de Donald Trump, Estados Unidos enfrenta una serie de críticas por su enfoque sobre los derechos de los migrantes. En su informe titulado “La Humanidad debe triunfar”, Amnistía destaca cómo las detenciones en masa y los arrestos arbitrarios, llevados a cabo por las agencias de control fronterizo, han generado un ambiente de incertidumbre y temor. A pesar de estas alarmantes condiciones, la FIFA y las autoridades estadounidenses no han proporcionado garantías claras para proteger a los aficionados de discriminaciones raciales y perfilamientos étnicos.
El evento, que contará con 104 partidos, de los cuales 78 tendrán lugar en territorio estadounidense, no solo presenta retos para los hinchas provenientes de países como Irán, Senegal o Costa de Marfil, quienes podrían enfrentar prohibiciones de viaje, sino también para los aficionados en general. Se menciona además la posibilidad de “vigilancias intrusivas” sobre las redes sociales, donde se busca detectar contenidos que puedan ser considerados antiestadounidenses.
La preocupación se extiende a la comunidad LGBTQI+, cuyos miembros en el Reino Unido y Europa han expresado el temor de que su presencia durante el torneo no sea segura. Las restricciones al derecho de manifestación y la libertad de expresión en México y Canadá también están en el punto de mira de Amnistía, lo que sugiere un periodo complejo para aquellos que desean disfrutar del evento.
Con solamente diez semanas restantes antes del inicio del Mundial, la organización internacional insta a la FIFA a actuar de manera urgente. Afirma que el compromiso de la FIFA de garantizar un torneo seguro y inclusivo debe ser respaldado por medidas efectivas, para que este evento, que promete ser un espectáculo en el ámbito deportivo, no se convierta en un escenario de violaciones a los derechos humanos. La urgencia por una respuesta adecuada es palpable, y el tiempo se agota.
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