Durante la primera mitad de febrero de 2026, un importante incidente ambiental tuvo lugar en el Golfo de México, cuando Petróleos Mexicanos (Pemex) realizó reparaciones en un ducto que había provocado una mancha de petróleo de más de 50 kilómetros cuadrados. Este ducto conecta una de las plataformas del campo Cantarell con las instalaciones de Dos Bocas y se encuentra en el epicentro de un derrame que se ha extendido por 600 kilómetros de costa, afectando las playas de Veracruz y Tabasco.
La investigación reveló que el buque Árbol Grande, especializado en el mantenimiento de infraestructura petrolera, estuvo anclado del 9 al 16 de febrero sobre un ducto activo que transporta crudo tipo maya. Esta información contradice la versión oficial de las autoridades, quienes habían negado la existencia de cualquier fuga en las instalaciones de Pemex desde el inicio del desastre. A pesar de las solicitudes de información al respecto, hasta el cierre de este reporte, la empresa no había respondido.
Una imagen satelital capturada el 15 de febrero mostró al Árbol Grande rodeado de embarcaciones más pequeñas, en medio de una mancha aceitosa, identificada como un posible derrame por expertos de la organización ambientalista SkyTruth. Datos de la plataforma Global Fishing Watch evidencian que, entre el 7 y el 17 de febrero, varias naves navegaron en las cercanías, pero solo el Árbol Grande permaneció detenido casi 200 horas en la zona problemática.
Árbol Grande, operado por la empresa Diavaz, ha estado involucrado en servicios de inspección y mantenimiento de estructuras petroleras desde 1973. Pemex ha contratado sus servicios desde al menos 2018, y en mayo de 2025, ganó una licitación significativa para gestionar la integridad de sus ductos marinos.
Se ha documentado que el oleoducto que pasa por debajo del área donde se detuvo el Árbol Grande —identificado como Old AK C— transporta crudo tipo maya y ha sido escenario de problemas anteriores, incluyendo un derrame ocurrido en mayo de 2025. Esto genera serias dudas sobre la capacidad de Pemex para manejar su infraestructura de manera segura y eficaz.
Desde que se reportó la primera mancha, las comunidades costeras que dependen de la pesca y el turismo han expresado su preocupación por el daño a los ecosistemas marinos y costeros. La muerte de tortugas, peces y delfines en las playas ha aumentado la urgencia de la situación. Las autoridades, sin embargo, han afirmado que se está controlando la contaminación y han informado sobre la limpieza de ciertas playas.
La conferencia de prensa, llevada a cabo por un grupo interdisciplinario que incluye a la Secretaría de Marina y la Secretaría de Medio Ambiente, sugirió que un buque privado y emanaciones naturales podrían ser responsables del derrame. Sin embargo, afirmaron que la mancha de petróleo en el ducto de Pemex provenía de emanaciones naturales, una explicación que plantea más preguntas que respuestas en un contexto de creciente desconfianza pública.
La situación continúa evolucionando, y las comunidades afectadas permanecerán vigilantes mientras las investigaciones continúan y la responsabilidad se asigna.
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