Un nuevo servicio de línea directa, que invita a las personas a “confesar sus pecados”, está a punto de lanzarse en una iniciativa poco convencional encabezada por el artista conceptual italiano Maurizio Cattelan. Este proyecto, que no cuenta con el respaldo de la Iglesia, se revelará el próximo jueves, justo a tiempo para la celebración de la Semana Santa.
Con motivo del 21° aniversario de la muerte del Papa Juan Pablo II, Cattelan también presentará una edición limitada de réplicas de su controvertida escultura de 1999, The Ninth Hour, que muestra al fallecido pontífice caído por un meteorito. Este nuevo hotline ofrecerá la oportunidad a “pecadores” de enviar sus confesiones a través de un número de teléfono gratuito o por WhatsApp. Algunos de ellos serán seleccionados para aparecer en un livestream programado para el 23 de abril, donde Cattelan asumirá un papel simbólico similar al de un priest, ofreciendo una especie de “absolución”.
Aunque este acto puede ser interpretado de múltiples maneras, el mismo Cattelan se apresura a aclarar que no busca provocar escándalo. “No lo veo como absolución”, expresó. “No es una autoridad religiosa, es un gesto compartido. La confesión existe en diferentes formas en todas partes, incluso fuera de la religión”.
El impacto de The Ninth Hour no ha sido menor, ya que su exhibición en Polonia, un país predominantemente católico, generó una fuerte reacción y evidencia de la interpretación variada que la obra ha suscitado entre el público. Este enfoque, que mezcla humor, incomodidad y significado abierto, se ha convertido en la firma de Cattelan. El artista es conocido por sus obras provocativas y deliberadamente simples, que a menudo dejan a los espectadores debatiendo si son graciosas, inquietantes u ofensivas. “Si alguien se siente ofendido, probablemente significa que la imagen sigue viva”, ha afirmado Cattelan.
A pesar de las controversias pasadas, su relación con el mundo del arte y, sorprendentemente, incluso con el Vaticano, ha ido evolucionando con el tiempo. En 2024, el Vaticano invitó a Cattelan a contribuir a su exposición en la Bienal de Venecia, donde pintó un mural en una pared de prisión, un momento que se destacó por la creciente apertura hacia su práctica.
Las nuevas esculturas de Cattelan se lanzarán en una tirada de 666, un número cargado de simbolismo ominoso, y cada una tendrá un precio de 2,200 euros. Los organizadores han señalado que el objetivo más amplio es hacer que el arte contemporáneo sea más accesible, tanto mediante la oferta de obras coleccionables como mediante una invitación directa al público para participar en esta experiencia artística única.
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