Desde que tengo memoria recuerdo haber oído hablar de la importancia de reciclar. Pero nunca se ha hablado tanto sobre el tema como en los últimos meses. Los fondos de recuperación de la Unión Europea han puesto el foco y los recursos en la economía circular. Sin embargo, para hacer realidad este cambio de paradigma se necesita algo más que dinero. Actualmente, reciclar significa, en la mayoría de los casos, recoger, separar y conformar de nuevo. Obviamente, este proceso tiene limitaciones importantes porque, tras sucesivos ciclos, se acumulan las impurezas y el proceso se hace cada vez más difícil a medida que se pierden las propiedades originales. En los últimos años, se han hecho esfuerzos importantes para facilitar el reciclado.
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Por ejemplo, hoy utilizamos distintos contenedores para separar los residuos, nuestras ciudades cuentan con puntos de recogida y se conceden ayudas públicas para apoyar esta nueva industria. Sin embargo, hemos hecho muy poco para mejorar el diseño de los materiales de forma que su recuperación y reconversión sea más fácil. La realidad es que, a pesar de los años que llevamos reciclando, los materiales que queremos reutilizar hoy son muy parecidos a los que desechábamos ayer. Por eso su reciclado resulta tan difícil y buena parte de lo que se recoge termina finalmente en los vertederos.
Para que la economía circular pueda girar sin fin y hacer realidad su objetivo de reutilizar continuamente lo que producimos, es necesario repensar el reciclaje. Este cambio comienza por planificar los procesos y los materiales para que, desde su concepción, estén diseñados de forma que su recuperación, separación y reconversión en materias primas sean lo más sencilla, eficiente y rentable posible.
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Un buen ejemplo de lo que podemos conseguir mediante el diseño molecular de la economía circular lo constituye una nueva generación de plásticos que incluyen en su estructura enlaces que pueden romperse fácilmente. De esta manera, es posible recuperar los monómeros que los constituyen y así asegurar su reutilización. Hace apenas unos meses, investigadores de la universidad de Constanza en Alemania, publicaron en la revista Nature el descubrimiento de un nuevo tipo de plásticos que pueden reutilizarse una y otra vez. Este logro ha sido posible gracias a la incorporación en su estructura de puntos de ruptura que permiten desensamblarlos fácilmente en sus componentes básicos.
De forma similar, otros investigadores, en este caso de la universidad de Berkeley, han utilizado enlaces dinámicos para producir una nueva generación de termoplásticos. Estos enlaces permiten componer y descomponer estos materiales de forma reversible y virtualmente indefinida. Ambos descubrimientos son excelentes ejemplos de cómo el diseño a escala molecular de los materiales facilita su recuperación y reutilización y hace más sencillo y rentable reciclar todo lo que producimos.


