Un autor y periodista freelance ha admitido que utilizó inteligencia artificial para redactar una reseña de un libro en el New York Times. La crítica de Alex Preston sobre la novela Watching Over Her de Jean-Baptiste Andrea, publicada en enero de 2026, incorporó frases y párrafos completos de la reseña realizada por Christobel Kent en The Guardian. Este “error” fue señalado por un lector, quien alertó al New York Times sobre las similitudes.
Preston expresó su “gran vergüenza” y admitió haber cometido un gran error al utilizar la herramienta de inteligencia artificial para un borrador de reseña, mencionando que no identificó y eliminó el lenguaje duplicado de otra crítica que la IA había incluido accidentalmente. Su declaración sugiere que, si hubiera eliminado ese contenido, la controversia podría haberse evitado. Sin embargo, este incidente plantea preguntas sobre la ética del uso de IA en la crítica literaria.
El New York Times decidió prescindir de Preston, señalando que su “dependencia de la IA y el uso de trabajo no atribuido de otro escritor” constituían una “clara violación de los estándares del Times”. Como resultado, un aviso ahora precede la reseña en línea, informando a los lectores sobre el problema y proporcionándoles un enlace a la reseña de The Guardian.
El papel del crítico no se limita a resumir o reempacar la obra, sino que implica participar activamente en una conversación sobre ella. La participación intelectual y emocional de un crítico es fundamental, ya que su función es mediar entre el artista y el público. Al emplear IA, se corre el riesgo de despojar a la crítica de su esencia más humana, ya que la conexión emocional y la perspectiva individual son irremplazables.
La controversia no se limita solo a este caso. El mes anterior, la autora Mia Ballard fue acusada de utilizar IA en su novela de terror Shy Girl, la cual fue retirada de publicación en el Reino Unido y cancelada en EE.UU. tras las dudas planteadas por lectores en plataformas como Goodreads. En otro caso, el fotógrafo alemán Boris Eldagsen levantó polémica al revelar que su fotografía galardonada era generada por IA, desafiando las nociones de autenticidad en las artes.
Si bien el uso de la IA puede tener aplicaciones funcionales, su intrusión en la expresión creativa genera inquietudes. La crítica literaria, en particular, subraya la importancia de la honestidad y la transparencia, tanto hacia los escritores como hacia los lectores. Este tejido de confianza es esencial; un crítico está obligado a proporcionar opiniones sinceras basadas en un compromiso personal con la obra.
A medida que la IA se integra más en los procesos creativos, surgen preguntas sobre el papel del crítico en este nuevo contexto. La literatura y la crítica no deberían ser simplemente productos de algoritmos, sino espacios donde los seres humanos compartan sus experiencias y fomenten la empatía a través de la conexión con el arte. La responsabilidad recae no solo en quienes crean, sino también en quienes tienen la tarea de evaluar e interpretar estas obras.
Con cada nuevo escándalo, se refuerza la necesidad de establecer normas claras sobre el uso de instrumentos tecnológicos en la crítica literaria. La confianza, un pilar fundamental en la relación entre crítico y lector, se ve comprometida cuando el proceso creativo se somete a un juego de máquina. En este sentido, la integridad en la crítica es una responsabilidad compartida que debe ser defendida con vehemencia.
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