La búsqueda de la soberanía farmacéutica por parte del gobierno de México enfrenta enormes desafíos, especialmente en el ámbito de los medicamentos innovadores. Según el presidente de la División Farmacéutica de Bayer, Stefan Oelrich, este objetivo resulta complicado ya que la industria innovadora necesita una infraestructura robusta de investigación, desarrollo y tecnología, en lugar de depender únicamente de la producción local, como sucede con los fármacos genéricos.
Oelrich destacó en el Bayer Pharma Media Day 2026 que la globalización, que ha beneficiado a países durante las últimas cuatro décadas, está en una etapa de transformación. Mientras que China ha evolucionado de ser un productor económico a ofrecer productos más innovadores, naciones como Estados Unidos y Europa están respondendo a este cambio dinámico. Esta situación ha dado paso a un entorno post-globalización, donde cada país busca su propia soberanía en diversos sectores, incluyendo el farmacéutico.
El debate sobre la soberanía farmacéutica toca un punto crucial: la dependencia de acuerdos comerciales. Oelrich advirtió que muchos países dependen de la producción de medicamentos que no pueden o no quieren fabricar localmente. En el caso específico de los medicamentos innovadores, la soberanía no se sostiene únicamente en la producción local; la investigación y desarrollo (I+D) son el verdadero núcleo del riesgo empresarial. “Invertimos miles de millones de dólares en I+D para acceder a nuevas tecnologías”, afirmó Oelrich, subrayando que su empresa hasta ahora no ha enfrentado dificultades de suministro, ni siquiera durante la pandemia de COVID-19 ni en el contexto actual de la guerra del Golfo Pérsico.
A diferencia de la producción de medicamentos genéricos, donde el desafío principal es encontrar materias primas económicas y depender de proveedores externos, la industria innovadora opera bajo diferentes parámetros. Oelrich ejemplificó la vulnerabilidad de los productores genéricos; si un proveedor mexicano se compromete a vender un fármaco a un precio fijo, una subida en costos por inflación o transporte podría alterar significativamente ese precio. “Si produjéramos localmente, el costo podría incrementarse considerablemente, lo que podría no ser la solución más sostenible”, analizó.
Dentro de este contexto, el Plan México, impulsado por la administración actual, busca alcanzar la soberanía farmacéutica como medio para reducir la dependencia extranjera. Hoy en día, el país importa alrededor del 65% de los medicamentos que consume y casi el 90% de los ingredientes farmacéuticos activos, que provienen en su mayoría de China e India. A través de este plan, el gobierno aspira a incrementar la producción de medicamentos, principios activos, vacunas y productos biotecnológicos en territorio nacional.
La cuestión se formula en términos de costo y beneficio; repatriar la producción puede parecer políticamente deseable, pero Oelrich recuerda que esta aspiración conlleva un costo real que podría recordarnos los beneficios de la globalización y la interdependencia económica. La vida del sector farmacéutico, aliada a la innovación y la sostenibilidad, sigue siendo un punto neurálgico en la agenda económica de México.
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