En el relato de la creación mesopotámica, los dioses Anunnaki y los menores Igigi decidieron mediante un sorteo quiénes llevarían la carga del trabajo arduo. Los Igigi, quienes resultaron perdedores, soportaron 3,600 años de trabajo intenso sin respuesta alguna de los dioses. Desesperados, se rebelaron, pero su intento de cambio fue enfrentado con la condena a muerte por parte de Ellil, uno de los dioses. Sin embargo, un giro en la trama ocurrió con la intervención de Ea, el dios de la sabiduría, quien propuso crear a la humanidad para asumir esa carga. A partir de barro, saliva divina y el corazón del rebelde Nusku, llegaron a la existencia los humanos, quienes, al parecer, heredaron de Nusku un espíritu rebelde.
Este mito de sacrificio y labor continua resuena poderosamente en la exposición “Nuevos Humanos: Memorias del Futuro” presentada en el Museo Nuevo, un evento que explora la naturaleza del trabajo desde épocas inmemoriales hasta la actualidad. La exhibición, que cuenta con 273 obras distribuidas en cuatro plantas, establece un diálogo entre la historia antigua de la creación del “trabajador humano” y la época actual, donde la línea entre humanos y máquinas se torna cada vez más difusa.
En particular, una sección titulada “Bailes Mecánicos” evoca el trabajo del artista Oskar Schlemmer y sus ballets que transformaron la danza en una metáfora de la industrialización y la guerra. Estos trabajos reflejan la unión negativa entre humanidad y maquinaria, donde los cuerpos eran consumidos por la producción. Se contrasta también con la escultura de 1920 de John Heartfield y George Grosz, que retrata el cambio forzado de un ser humano en una herramienta de producción y guerra.
El eco del sacrificio humano también se percibe en “R.U.R. (Robots Universales)” de Karel Čapek. En esta obra, los robots, representaciones de la clase trabajadora, que originalmente fueron creados para servir, eventualmente se rebelan contra sus creadores, volteando el mito de la creación a su alrededor. La historia plantea interrogantes sobre el futuro de la humanidad en un mundo donde los jobs se han vuelto difusos y donde el trabajador mismo se ha transformado en un producto comercial.
La exposición también aborda las nuevas formas de trabajo a través de obras contemporáneas. Uno de los artistas destacados, Hito Steyerl, presenta su video “Mecánicos Kurdos”, el cual examina la precariedad del trabajo en plataformas digitales, específicamente en el programa Mechanical Turk de Amazon. Los trabajadores kurdos de un campamento de refugiados en Irak, que realizan tareas minúsculas para mantener su subsistencia, reflejan una globalización del trabajo que, aunque insuficiente, representa una forma de economía actual.
A través de estos temas, la exposición desafía al espectador a reflexionar sobre el estado actual del trabajo. A medida que la inteligencia artificial avanza y las tareas se automatizan, nos encontramos en una encrucijada: ¿son los humanos prescindibles en sus labores? Con la creciente fragmentación del trabajo, surge la pregunta: ¿qué significa realmente ser un trabajador en el siglo XXI?
La crisis de identidad laboral, particularmente palpable en lugares como el campamento de Domiz, subraya un miedo que se extiende en la narrativa contemporánea. Refleja cómo ciertas poblaciones, desplazadas por conflictos o reformas económicas, se convierten en el nuevo motor de estas plataformas que absorben su trabajo cognitivo sin la promesa de un futuro mejor.
Al vislumbrar el futuro, artistas como Kristin Walsh y Pierre Huyghe plantean inquietudes sobre el propósito del trabajo. Walsh, con su escultura “Motor No. 15”, y Huyghe, con “Máscara Humana”, presentan visiones distópicas que cuestionan el valor y la función del trabajo humano en un mundo que avanza hacia la automatización y la irrelevancia.
Así, el eco de antiguos dioses parece resonar en nuestras realidades modernas: en la búsqueda de un nuevo ser que pueda asumir el trabajo que una vez definió a la humanidad. Mientras los artistas de épocas pasadas luchaban con los impactos de un capitalismo en transformación, hoy, enfrentamos la valoración de la humanidad tal como la conocemos y su lugar en un futuro cada vez más automatizado.
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